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¿Las emociones deciden sobre tu dinero?

Las emociones no se llevan bien con el dinero porque básicamente son originarios de mundos diferentes.

Las emociones residen en la psique humana, nos ayudan a percibir el mundo y anticiparse, mientras que el dinero es el resultado de una relación compleja de los seres humanos que sirve para intercambiar bienes y servicios.

La clave para entender nuestra emociones es la introspección y el balance interior, mientras que la clave para entender el dinero son las aritméticas y el pensamiento racional determinado por la lógica y el análisis.

Pero la realidad las mezcla y debido a que no tenemos herramientas suficientes para mantenerlas separadas, las emociones toman el control para tomar decisiones sobre el dinero y el riesgo crece. Por supuesto esto depende mucho de nuestra carácter y temperamento.

Hay personas que el sentimiento que los sentimientos que le dominan son la aversión al riesgo, el miedo y la falta de confianza. Estas personas hacen un manejo más cuidadoso del dinero porque está en su naturaleza emocional. Sus decisiones buscan la seguridad, no les gusta las sorpresas y siempre se están anticipando a las consecuencias de los acontecimientos. Pero su relación con el dinero es dolorosa, siempre será insuficiente y siempre existirá el temor a perderlo.

También hay personas que están en el lado opuesto, son optimistas por naturaleza, alegres, confiados y temperamentales. La ira, la alegría o las sorpresas dominan sus decisiones de modo que el dinero paga las consecuencias, va y viene de acuerdo con el juego de las emociones de las personas. Por supuesto generalmente se va más de lo que viene y esto provoca que este tipo de personas siempre estén en apuros económicos, por lo que su relación también es dolorosa con el dinero. Las deudas y la falta de dinero son la consecuencia de que sus intereses están en otro lado y usan el dinero como una herramienta para resolver sus dolores emocionales o para festejar los placeres que fueron atraídas por sus emociones positivas.

Lo más fácil pensar es que lo mejor es el justo medio, ni dejar que el miedo controle el dinero ni que las emociones lo desgaste, pero eso es sólo una solución teórica que en la práctica es muy difícil de sobrellevar.

Desde nuestro punto de vista la solución está en darle a estas fuerzas su lugar, es decir mantenerlas separadas. Por un lado, dejar que nuestras emociones fluyan que nos ayudan a presentir y prever la realidad, dejar que nuestras angustias, sensaciones e intuiciones nos lleven a tomar decisiones en donde no sólo la razón las determine. Pero hacerlo todo esto sin tomar decisiones de dinero.

Una vez que sabemos lo que queremos, pensamos y sentimos, estamos listos para ir al mundo del dinero y con un objetivo en mente hacer análisis numéricos y lógicos para tomar decisiones financieras. Las tarjetas de crédito, los préstamos personales, las decisiones de ahorro e inversión no son compatibles con las emociones, necesitan análisis racionales, que de preferencia sean hechos por escrito para que se revisen una y otra vez

Yo acostumbro a registrar la estructura de la decisión en una hoja de cálculo y dejar el archivo abierto para leerlo una y otra vez hasta que las emociones salgan y dejen mi razón más limpia para analizar los números. Este ejercicio lo hago una y otra vez. El siempre hecho de ver los números me permite hacerle saber a mis emociones que uno más uno son dos y que no importa que esos números sumen trabajo, deudas o decisiones educativas o de salud.

Inténtalo, mantener los mundos por separado te ayudará a manejar tus finanzas.

Una buena manera de empezar tu análisis es revisando si tienes la mejor tarjeta, entérate en nuestro análisis de la semana de lo Mejor de Vive con Crédito

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