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La gran oportunidad que podría escapar

En el artículo anterior mencionamos una de las lecciones que nos ha traído esta cuarentena: aprender a gastar menos, exclusivamente en lo indispensable, aunque cuando uno ve las noticias se puede descubrir que no ha sido una lección para todos

Hay otra lección que nos puede traer esta experiencia y que puede ocurrirle lo mismo que a la anterior. Sólo servirá para aquellos que estén conectados con su realidad y tratando de obtener el mejor provecho de su situación.

Esta experiencia puede ser no sólo positiva sino inspiradora. Hoy aislarse no es lo mismo que hace tres décadas. Actualmente el aislamiento es sólo físico. Los jóvenes, por ejemplo, ya estaban medianamente acostumbrados a estar encerrados en sus recámaras, pero profundamente conectados con sus amigos, charlando, jugando y realizando una interacción social en diferentes niveles con amigos cercanos que nunca conocerán físicamente y con amigos lejanos emocionalmente pero con quienes comparten el mismo barrio o escuela.

Esto ahora nos ha pasado a todos. Sin importar la generación, tenemos la posibilidad de estar conectados en diferentes niveles. Si dejamos la tentación de estar pasando el tiempo con memes y chismes en las redes sociales o escapándonos de nuestra realidad con series en Netflix, quizás podríamos descubrir y aprovechar el lado productivo de la conectividad virtual.

Y no me refiero a la multitud de actividades de aprendizaje que nos rodean por todos lados para “aprovechar” el tiempo y activar la economía de las empresas que los ofrecen, que son un buen comienzo, pero insuficiente, pues nos deja del lado pasivo, el de recibir.

Hablo de algo más específico de nuestra propia productividad a través de las conexiones con otras personas. Lo he visto poco hasta ahora, pero en mi caso personal casi todas las interacciones que tengo durante el día están relacionadas con esa productividad, con desarrollo de nuevos productos, negocios y clientes.

Quizás esto se deba a que yo estaba en este mundo virtual antes de la cuarentena. Hasta hace unos días estaba satisfecho con la evolución de las personas que ahora están dispuestas a trabajar de forma virtual y hasta hacer citas virtuales de presentación de ventas. Es un cambio cultural que espera hace más de dos décadas y que ahora soy testigo de que está ocurriendo.

Pero pasado el entusiasmo he descubierto que no es suficiente. En este momento hay miles de personas talentosas ante un artefacto inteligente que podrían estar desarrollando un proyecto productivo en colaboración con otras personas y estar creando las oportunidades de tener ingresos y aprovechar su talento.

Pero no está ocurriendo porque nos está faltando conectarnos entre todos. Las herramientas de comunicación están aquí al alcance de todos y las personas con talento para proyectos están a la distancia de unos clics de nuestros dispositivos de comunicación

¿Qué falta?

Quizás una idea que conecte a todos que los inspire. Estamos a tiempo de crear espacios de colaboración productiva en donde todos se beneficien de un concepto evolucionado de economía colaborativa.

De hecho ya hay soluciones que parte de un concepto colaborativo, por ejemplo sitios que ofrecen a otros hacer cursos para que tengan una opción de negocio y otros que tienen como idea central hacer un consumo colaborativo de apoyo solidario.

Son buenas ideas, pero al igual que las soluciones que nos llegan del extranjero el concepto colaborativo está entremezclado con una idea en donde la colaboración está limitada en una función.

Es momento de pensar en ciclos económicos completos locales, en formas de conectar personas con necesidades con personas que los soluciones, en donde esas mismas personas sean eslabones de otros conceptos de negocio que permita una sinergia entre el esfuerzo de todos.

La invitación está abierta para todos, para conectarse y proponer ideas.

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