Centennials o la libertad para salvar la humanidad

Cómo salir de deudas

"Estamos en el comienzo de una extinción masiva, y de lo único que ustedes pueden hablar es de dinero y de cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?", dijo ayer indignada la activista sueca Greta Thunberg, de 16 años.

Ante esta declaración recibió un sonoro aplauso en la sala ovalada de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)

Unos días antes, al igual que en varias partes del mundo, jóvenes mexicanos participaron este viernes en el Fridays for the Future, un movimiento que empezó la emblemática Greta Thunberg, quien desde agosto del año pasado empezó a faltar todos los viernes a su escuela para organizar protestas por todo el mundo.

Greta ha decidido tomar un año “sabático” para organizar su movimiento, viajó en velero hacia EUA para estar en la ONU en la Cumbre Mundial sobre el Clima. En lapso que apenas supera el año su voz y la de muchos jóvenes, niños y adultos se empieza a escuchar más fuerte.

Greta es ya considera una de las personas más influyentes del planeta, pero esto no parece importarle mucho, pues lo que ella busca es que los adultos se comporten como tales y reaccionen para evitar la catástrofe climática.

El viernes 20 de septiembre se llevo a cabo el segundo día de protesta mundial en todo el mundo, la primera fue en marzo de este mismo año. En México se realizaron eventos de protesta en Pachuca, Chiapas, Ciudad de México, León, Veracruz, Ensenada, Morelos, Aguascalientes, Puebla, Querétaro, Campeche, Oaxaca, Naucalpan, Tijuana, Mérida y Torreón.

La característica principal de estas marchas es que sus principales participantes son jóvenes centennials que han mostrado mayor preocupación por el cambio climático. Aunque en la segunda marcha la participación de niños y padres de familia fue mucho más notable, al menos en México.

Y es que el tema no es para menos:

Julianne Escobedo Shepherd, editor en jefe del sitiowen “supuestamente feminista Jezebel escribe

“En ausencia de una acción clara, concisa y unificada de los funcionarios electos de todo el mundo para combatir la crisis climática, es la mayor mierda que los adolescentes, niños y otros estudiantes han tenido que intervenir y levantarse. El nihilismo que impulsa esta falta de interés va más allá de la simple avaricia financiera y las nefastas alianzas; la corriente subyacente es el individualismo egoísta, una noción de que las personas con el poder de alterar la espiral descendente del clima son demasiado viejas o demasiado ricas para tener que experimentarlas realmente.”

No hay suavidad en sus palabras, Escobedo es dura, directa clara y contundente, quizás porque la realidad es también más cruda que la que vemos por la superficie.

La editora explica que el activismo a unido a jóvenes de todo el mundo y que sus acciones no están impulsadas ni por la apatía ni por el derecho, características a menudo ignorantemente atribuidas a los millennials y la generación Z; es una conciencia aguda de que toda nuestra especie está en riesgo, y los chicos están a la vanguardia porque los adultos poderosos no están dispuestos a asumir la responsabilidad lo suficientemente rápido, o en absoluto.

Más adelante la autora de este incendiario texto afirma:

“El cambio climático afecta desproporcionadamente a las mujeres pobres y a los niños de color, alterando permanentemente las existencias de los más desfavorecidos a nivel mundial.”

Irónicamente la conciencia por el cambio climático está del otro lado de la mesa económica. Es en los países más desarrollados en donde esta conciencia está evolucionando más rápido, quizá porque los jóvenes tienen más recursos para expresar su preocupación, quizá porque estén mejor informados.

Pero esto no significa que la conciencia no se haya despertado, existe como lo hemos estado viendo en las opiniones de los Centennials que hemos trasmitido.

De cualquier manera es una luz de esperanza que sean los jóvenes los que empujen a los adultos para un cambio tan necesario para la humanidad entera.

La periodista e investigadora brasileña Eliane Brum escribió en el periódico El País:

“Es fascinante intentar entender qué efectos tendrá esta inversión radical de lo que es ser adulto y lo que es ser niño. No es una inversión evolutiva, que ha tardado siglos o milenios en consumarse, sino un corte brutal. La generación anterior a la de Greta es justamente la más consumista y mimada de los países ricos o de la parte rica de los países pobres. Quienes hoy tienen unos 30 o 40 años se criaron en el imperativo del consumo y de la satisfacción inmediata, y muchos se niegan a convertirse en adultos porque eso significa aceptar límites. Formados en la lógica capitalista de que libertad es poder hacer cualquier cosa, que darse todos los placeres es un derecho básico, creen que el planeta cabe en su ombligo.

“Y entonces, unas chicas con trenzas les meten el dedo en la cara y les dicen: “¡Creced!”. Estos adolescentes de cara redonda, algunos con espinillas, condenan el gran objeto de consumo del siglo XX, el coche, y también el avión. Van en bicicleta y utilizan el transporte público... Dicen que es mejor no comprar ropa y otros objetos, sino intercambiarlos y reciclarlos, y ponen en jaque a la industria de la moda. Y lo hacen rápido porque la velocidad también ha cambiado.”

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