Cursos de finanzas personales en escuelas podrían ser una pérdida de tiempo.

Cómo salir de deudas

El director de la Iniciativa de Acceso Financiero, un centro de investigación enfocado en servicios financieros para hogares de bajos ingresos en la Escuela de Graduados Robert F. Wagner de Servicio Público de la Universidad de Nueva York, Timothy Ogden hace una valerosa revelación: no sirven los cursos de finanzas personales en las escuelas.

La educación financiera simplemente no funciona escribe Ogden. Numerosos estudios han demostrado que no cambian el comportamiento de estos chicos. De hecho hay más temas en lo que esta educación no está funcionando: consumo de drogas, vacunarse, no consumir calorías, los chicos hacen caso omiso a estas recomendaciones.

Y esto no tiene que ver con la calidad de la educación, hay cursos de finanzas personales que son minuciosos, precisos y sistemáticos. Los hay de diferentes tipos, para diferentes personas, el resultado es siempre el mismo, los estudiantes hacen justo lo contrario a lo que los cursos recomiendan.

Los hallazgos, asegura el autor, son consistentes. Es fácil aumentar el conocimiento financiero: muchos programas muestran resultados positivos cuando le hace algunas preguntas a las personas antes y después de un curso de educación financiera. Desafortunadamente, el impacto desaparece cuando se mide lo que realmente hacen las personas que toman los cursos (no solo lo que dicen que hacen, lo cual es un problema con muchos estudios que afirman encontrar un impacto).

El metaanálisis más completo de las evaluaciones del programa de educación financiera, publicado en la revista Management Science en 2013, examinó 168 artículos que cubren más de 200 estudios. Descubrió que la educación en alfabetización financiera era responsable de un cambio del 0,1 por ciento en los comportamientos financieros, como el aumento de los ahorros o la reducción de los préstamos.

Un metaanálisis más reciente de los 37 estudios experimentales (que son más confiables que los estudios observacionales) de educación financiera en las escuelas, promueve efectos más prometedores. Pero si profundiza en los detalles del documento de trabajo, por parte de académicos del Instituto Alemán de Investigación Económica, se encuentra que con controles cuidadosos, el efecto estimado en las elecciones financieras reales también es muy pequeño -con cero en el rango de posibles efectos-).

Otro trabajo reciente, realizado por académicos de la Universidad de Goethe en Frankfurt, Alemania, sugiere que incluso aquellos supuestos resultados positivos menores podrían ser exagerados. Los autores analizan 14 artículos (nueve de ellos en los Estados Unidos) que se centran en estudiantes, personas de bajos ingresos o migrantes (poblaciones que podría pensar que se beneficiarían de un curso de crisis financiera) y concluyen que existe un aumento en el conocimiento a corto plazo sobre asuntos financieros pero "no hay evidencia probada sobre el comportamiento a largo plazo".

El fracaso de la educación financiera para cambiar la forma en que la gente maneja el dinero es importante, pero la fe ciega en tales lecciones para solucionar los problemas financieros también oculta hechos importantes sobre la economía donde estos estudiantes viven. Los egresados de esos cursos tienen problemas porque los países donde residen complican su desarrollo económico personal.

Hay también un fenómeno que tiene un término complejo: causalidad inversa. A primera vista, es mucho más probable que ser rico te dé mucha exposición a opciones financieras y un margen de seguridad para cometer y aprender de los errores financieros.

Pero hay un factor que es clave para comprender por qué no están funcionando estos cursos: los planes de estudio de la mayoría de los programas de alfabetización financiera no coinciden con las realidades económicas y las elecciones financieras que enfrentan las personas en la realidad.

Las decisiones financieras que importan tienen menos que ver con la creación de un presupuesto estable que con la idea de cómo llegar a fin de mes cuando las obligaciones de pago de una familia suben de forma inesperada.

El autor concluye que los cursos de educación financiera Eben ser rediseñados para que la gente encuentre soluciones reales a sus problemas reales, lo cual no es fácil, por lo que sugiere que mientras esto cure es mejor que los estudiantes se concentren en sus cursos de matemáticas, lo cuales sí han probado que conducen mejores resultados económicos para los estudiantes cuando llegan a la edad adulta.

Mientras esto no ocurra, los cursos actuales de educación financiera son un gato inútil de tiempo.

Estas conclusiones que fueron realizadas por y para norteamericanos, adquiere especial relevancia porque justamente el Nuevo Modelo Educativo que se ha echado andar, hace obligatorio que las escuelas primarias y secundarias públicas elijan programa específicos para complementar la formación de sus estudiantes, más allá de cuestiones académicas.

La gente está preocupada por las finanzas y seguramente demandará cursos de educación financiera, de hecho ya han esfuerzos al respecto, la gran pregunta es si estos cursos están diseñados para resolver necesidades específicas y no sean, como está ocurriendo en otras latitudes, una mala inversión de tiempo.

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