Telemigración y teletrabajo en nuestro futuro

Cómo salir de deudas

La vida es un cauce de corrientes turbulentas, la globalización, el aprendizaje automático y la inteligencia artificial están desplazando oportunidades y fuentes de trabajo, pero también está creando oportunidades de empleo inesperadas, especialmente para jóvenes con nuevas habilidades.

Aunque las oportunidades no significan un cambio sustantivo en la calidad de vida, son una opción de ingreso que las personas ya están aprovechando, especialmente en el área de servicios, como se explica en un artículo publicado por Foro Económico Mundial: “Globots and telemigrants: The new language of the future of work”

También son la semilla del cambio, el germen de una tendencia que nos permitirá definir la ruta que debemos seguir para hacer del futuro un mejor mundo y no uno en donde nuestras propias creaciones terminen por derrotarnos.

Veamos dos casos de estos nuevos tipos de trabajo, que en realidad no son tan nuevos, ya convivimos con ellos, pero no nos hemos dado cuenta de su existencia.

El primero tiene que ver con los trabajos de oficina. Aunque la inteligencia artificial y el aprendizaje automático amenazan con sustituir por completo a un amplo número de tipos de trabajo, hasta ahora no hay una aplicación que lo logre totalmente.Pero lo que si ha ocurrido es que ha simplificado muchas tareas y con el avance de las telecomunicaciones ha hecho posible lo que antes nos parecía inconcebible y ahora aun difícil de aceptar: ya no es necesaria presencia en las oficinas para trabajar.

En la medida en que la dirección de las empresas se va dando cuenta de los beneficios del teletrabajo se van desplazando empleos hacia cualquier punto fuera de la oficina. Lo que ha ocurrido en oficinas donde los sueldos y las prestaciones son una carga económica fuerte para las empresas es que estos trabajos se ha desplazado a otras empresas y también a otros países.

En el mundo hay trabajadores dispuestos a hacer lo que hacen otros por una fracción de lo que ganaban los empleados de empresas poderosas, de modo que ha nacido una nueva forma de migración. La telemigración: personas que laboran en otros países pero que están virtualmente en las oficinas de una empresa global o muy grande.

Y esto ya es un enorme mercado. De acuerdo Richard Baldwin autor del libro reciente The Globotics Upheaval: Globalization, Robotics, and the Future of Work, “la economía global, también conocida como la nube humana, donde los trabajadores independientes de todo el mundo dividen y realizan tareas, ya es una industria de $ 82 mil millones de dólares”. Una enorme cifra que refleja el tamaño de este mercado.

Es probable que muchos de los que leamos este artículo seamos telemigrantes sin darnos cuenta o, al menos, que conocemos a varios que trabajan en casa y ya estén colaborando en este tipo de mercado.

Pero hay más aún. SI bien la inteligencia artificial amenaza con tener choferes autónomos y robots que den servicios en mostradores, en el mundo real esto no ha ocurrido todavía. Aun no hay drones de Amazon llegando a nuestra casa para llevarnos nuestra última compra, pero lo que si hay son choferes en Uber y cientos de ciclistas por diversas ciudades entregando paquetes en un nuevo tipo de trabajo que considerábamos casi desaparecido.

Este cambio se debe básicamente a las aplicaciones que dieron origen a lo que se conoce como economía colaborativa. Poner al servicio de los demás lo que tenemos disponible, ya sea una habitación o nuestra fuerza de trabajo para hacer una entrega. Es probable que las opciones sigan creciendo.

La economía colaborativa ha dado un impulso diferente al empleo en el sector de servicios. Y esto también es una tendencia que no debemos perder de vista.

Este camino de Telemigración y Telecolaboración no está exento de problemas. De hecho el más grave es que los trabajadores de este tipo de empleos tienen bajos salarios y pocas o ninguna prestación laboral, pero a la vez es menos discriminatoria y permite que con poca disponibilidad de horario puedan tener una fuente de ingresos.

Otro reto que tienen este tipo de empleos es la falsa ilusión de que se es dueño del tiempo y que uno es su propia empresa. De algún modo es cierto, pero cada colaborador es el eslabón más débil de una cadena de participantes que obtienen un mejor ingreso en virtud que para ellos si es un negocio pasivo, es decir que no tienen que trabajar para poder vivir.

Como en muchos casos es el teletrabajador el que sólo cuenta con el poder del “sí” o del “no” para aceptar una oferta de esta naturaleza. El reto entonces es desarrollar talentos que permitan encontrar mejores teletrabajos o desarrollar talentos que permitan invertir en negocios paralelos que después se conviertan en modos de vida.

Por ejemplo, jóvenes que dominen el inglés y tengan otro tipo de talentos como conocimientos de programación, diseño gráfico o desarrollo de proyectos podrían desarrollar o crear mejores oportunidades.
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