Mantén el enfoque en tu objetivo

el lobo

Una vez que la manada tomó la decisión de perseguir a los ciervos jamás se perdió el enfoque, no importó que hubiera obstáculos, que el terreno fuera difícil de recorrer y agotara sus energías, que fuera cuesta arriba o que los objetivos tomaran más velocidad cuesta abajo. No importó incluso que se cruzara una frontera que ponía en riesgo sus vidas. El objetivo estaba en la mente y no se dejó jamás de perseguir.

Por supuesto el objetivo se alcanzó

A esta manera de actuar se le llama resiliencia y consiste en la determinación de continuar con la decisión a pesar de los obstáculos que se presenten en el camino. Un jugador de fútbol que corre por la pelota cuando el resto del equipo la considera perdida y llega a ella justo antes de que pase la línea límite es un jugador resiliente.

La resiliencia es clave en las personas y equipos que logran resultados. De hecho podría ser la diferencia entre el éxito y el fracaso, cuando el factor suerte juega un papel secundario.

En el otro lado de la moneda, una persona no resiliente no resiliente, no es capaz de mantener el enfoque. Los primeros obstáculos empiezan a llenar de dudas sus pensamientos y los hace titubeantes, a menudo no es el obstáculo sino el titubeo lo que propicia el fracaso en el alcance del objetivo.

Por eso los guerreros Samurái aconsejaban a sus aprendices no pensar cuando estaban en la batalla. Una inteligencia no consciente toma el control de nuestros cuerpos y nos hace muy eficientes cuando evitamos pensamientos negativos como “¿Qué pasa si no puedo? o ¿Qué haré si el otro es más fuerte? Esas dudas distraen la atención de la persona y les hace fallar.

Los lobos afrontaron al menos tres obstáculos claros y una amenaza enorme. Un camino con nieve profunda que disminuía su velocidad y le exigía más esfuerzo físico, desniveles que exigían mantener el paso a pesar de su debilidad por no haber comido o que bien aumentaban la velocidad de los ciervos. Y finalmente cruzar la frontera que les garantizaba no enfrentarse con una manada de lobos más grande.

Ninguno de esos tres obstáculos les hizo titubear, mantuvieron su enfoque y con ello garantizaron el alcance de su objetivo.

Mucho podemos aprender de esta lección. Los líderes de equipos deportivos o de trabajo saben muy bien que uno de los primeros factores que afecta el funcionamiento del equipo es el desánimo que propician los obstáculos.

A menudo se consideran errores y no parte del esfuerzo que requiere alcanzar un objetivo. Cuando ocurre, es decir cuando un obstáculo se convierte en derrota, surge la discusión, el desánimo y se rompe la coordinación del equipo. Cada miembro cree que se debió seguir otro camino.

Cuando se actúa así se pierde el enfoque y se toma el camino que no lleva al alcance del objetivo.

Mantener el enfoque a pesar de los resultados tiene un efecto sinérgico, la adrenalina se acumula y somos más efectivos y enérgicos para alcanzar nuestro objetivo. Hay momento para analizar, pero también para actuar y cuando se está en este segundo momento no se puede titubear, la decisión se ha tomado y pase lo que pase hay que seguir adelante sin perder el enfoque en dudas o críticas.

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