La ambicion del lobo que enloquece al humano

el lobo

Como hemos comentado en esta sección el mundo del lobo y el del ser humano no son tan diferentes, ya que para proteger a su familia o manada el responsable es hace lo necesario para sobrevivir. El lobo matando a sus presas, el hombre aplicando todo el poder y malicia necesarios para ganar dinero a costa de lo que sea. En ambos casos, como se podrán dar cuenta, es la ambición la que predomina.

Pero son dos tipos de ambición totalmente distintos.

Se puede entender a la ambición como el deseo de poseer. En no pocas ocasiones hemos sido testigos de cómo la ambición puede cambiar a las personas hasta convertirlas en verdaderos monstruos, al desear con vehemencia algo que está afuera de su alcance.

No siempre es así, en la historia de la humanidad la ambición ha recorrido dos caminos: Uno que proviene de la mente, y otro del corazón

Con el camino de la mente se consiguen las cosas materiales. Esta ruta está programada en el cerebro, pero no nacimos con ella, en realidad la aprendimos desde que somos pequeños: tener un buen trabajo, una buena casa, un gran coche… Emana del egoísmo, sirve para obtener todas aquellas cosas que -aparentemente- son de provecho para uno mismo. Por su propia naturaleza nos motiva a obtener lo que deseamos, aun a costa de competir con los demás, incluso mejor si los dejamos en desventaja.

La ruta del camino del corazón es totalmente diferente, es con la que se consiguen otro tipo de bienes, tales como la generosidad, honestidad, amor, inteligencia, altruismo, compasión. La ambición de corazón está en las raíces de nuestra esencia como humanos, no la aprendimos, nacimos con ella. Esta ruta es la que lleva a vivir una vida auténtica, en busca de objetivos inmateriales pero que están en perfecta consonancia con la forma de ser, pensar y sentir de uno mismo. No compite, ni daña a nadie. Al contrario, sirve para ser mejor uno mismo, de forma que se benefician los demás.

En el mundo de los lobos la ambición que los empuja es la del corazón. Son seres que cazan para comer, pero si su deseo está satisfecho viven y dejan vivir a los demás.

En el mundo de los humanos la ambición de la mente y la del corazón no son excluyentes; son complementarias. La vida en sociedad está organizada de una manera que se necesitan bienes materiales para discurrir por ella con comodidad.

El problema es que en muchas ocasiones, casi todos los objetivos personales están determinados por la ambición de la mente, y por tanto, tienen ese carácter material, sin dejar que el corazón participe. Si lo permitiéramos encontraríamos el equilibrio, porque descubriríamos, como el lobo que los bienes materiales existen para ayudarnos a mejorar nuestra calidad de vida y no tienen valor en sí mismos. Así estaríamos más cerca de la felicidad.

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