La dictadura del clic

Vive mejor

Sin darse cuenta los Centennials viven la dictadura del clic, para ellos la opinión de los demás, como la de cualquier joven es más importante que la de cualquier otra autoridad. Pero hoy como nunca todo estas opiniones sociales son más evidentes que nunca, los clics en redes sociales definen el éxito y la aceptación del momento.

Todo se define por los clics esperados y los no otorgados

Las expectativas definen el futuro porque ellas determinan la dirección de lo que la gente busca alcanzar. Desde esta perspectiva el sueño americano, que es el sueño de la libertad, ha cambiado.

Antes la gente definía el éxito con cosas físicas: una casa en los suburbios, un auto nuevo y ropa o accesorios de marca, hoy se define de otra manera a través, una persona éxitos es la que logra millones de clics y seguidores, aunque la ropa de marca no está ausente, su presencia es por decirlo de alguna manera autogenerada para la dinámica de las redes sociales.

La economía del clic nos ha tocado a todos de alguna u otra manera. Desde las grandes celebridades que han hecho de su vida un aparador, los políticos que miden sus fuerzas en Twitter hasta los rincones del planeta donde los adolescentes ecualizan sus emociones reguladas por el número de me gusta que alcanzan sus fotos en Instagram

Detrás de esos clics cientos de empresas buscan su espacio en el mente de sus consumidores y derraman millones de dólares que motivan el interés de los influencers a seguir su carrera de post, en búsqueda de más seguidores y más clics para convertirlos en dígitos en las saldos de sus cuentas bancarias. Cada año se destina más dinero a las redes sociales, mientras los medios tradicionales ven reducidos sus presupuestos por la caída de sus niveles de audiencia.

Más allá de cualquier perspectiva moralista, la economía del clic es una realidad que estamos obligados a reconocer como una realidad con efectos evidentes.

Los cambios son impactantes:

-Antes de la economía del clic los famosos eran definidos y modelados por los medios de comunicación, hoy se ha democratizado la fama, cualquiera puede lograrlo si se conecta con los demás y publican cosas que les guste

-El plagio ya no es un problema en la era del meme; de hecho, siempre ha existido: los políticos -por ejemplo-reciclan una y otra vez temas que a la gente le gusta escuchar.

-La democracia de los clics es muy frágil y vertiginosa, los famosos pueden serlo sólo por un gran momento y luego caer en el olvido, pero hay otros que logran sostenerse, todo depende de los clics

-Algunos de los más importantes influencers saben que viven y promueven un imagen falsa de sí mismos, pero están dispuestos a hacer lo que sea por seguir obteniendo clics, no importa que rompan cualquier regla social o produzcan noticias falsas

Pero estos cambios también tienen su lado oscuro

Los influencers están conscientes que no tienen nada real fuera de ese mundo, no saben lo que ocurrirá con ellos en cinco años

-La gente pide algo nuevo cada día, por lo que la vida en las redes sociales se ha convertido en una loca carrera sin respiros ni treguas.

Sin embargo, la presión es en cascada, hoy los jóvenes viven bajo una presión intensa para asegurarse que sus fotos sean buenas y que todo sea absolutamente perfecto, sin usar trucos que todos conocen

Una investigación realizada por The Center For Generational Kinetics muestra que el 55% de Gen Z está en su teléfono durante cinco horas o más al día, e Instagram es su red social para seguir marcas e influencers.

La individualidad siempre ha sido un componente activo para los adolescentes, pero ahora con Instagram, puede visualizar visualmente cómo ve el mundo. Como Instagram tiene contenido específico que impregna la plataforma, los adolescentes quieren sobresalir entre el mar de selfies.

De acuerdo con la escritora de Forbes, Kate Albot, la generación Z, nativa digital, se define a sí misma a partir de su Instagram. La plataforma puede fomentar el espíritu empresarial y la capacidad de descubrimiento de un mundo completamente nuevo lleno de viajes y aventuras, y puede impactar negativamente la autoestima y crear una atmósfera que se presta a más celos y depresión.

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