El futuro irracional

Vive mejor

Es el año 2039, Bruno hace ejercicio en la ruta elevada y exclusiva para bicicletas que recién se estrenó en la ciudad de México. Está fascinado por la sencillez con la que se adaptó a su nueva bici, sólo tuvo que pedirle a su asistente personal virtual que dialogara con la inteligencia artificial del equipo para que se adaptara a su estilo de vida, medidas corporales, información sobre su salud y trazara las rutas habituales para agregar información que ahora ofrece la realidad virtual sobre el entorno.

Sólo tiene que pedalear y mantener el equilibrio la ruta, la fuerza de pedaleo y la seguridad del entorno personal está a cargo de la inteligencia de su equipo de transporte en completa coordinación con su asistente personal. Bruno es programador y está desarrollando un asistente virtual financiero que será impecable en la administración de sus finanzas y servicios de contabilidad. Cotizará, dialogará con otras entidades para cerrar negocios, acordar precios y formas de pago. Su diseño permitirá al asistente pagar impuestos, los pagos de sus deudas y las facturas del supermercado y de sus gastos generales.

Se está esmerando para que, a pesar de que el asistente virtual tiene toda la información y conocimiento para tomar las mejores decisiones financieras, el usuario tenga la sensación de control, pidiendo explicaciones de las decisiones y moviendo los parámetros a su antojo.

Bruno está consciente de que eso es lo que todos los seres humanos queremos, tener el control total, la última palabra, el timón de su propia nave financiera. Pero también le preocupa, pues a pesar de tantos avances tecnológicos el humano sigue tomando decisiones emocionales y en ocasiones irracionales, que podrían echar por tierra todos los beneficios de su nuevo asistente personal.

En un diálogo interior con su propio asistente personal (que le ayuda a diseñar un nuevo asistente personal) concluye que tendrá que aceptar que la decisión humana será su eslabón más vulnerable de su diseño, por lo que se limitará a emitir alertas, como ocurría hace en 2019, cuando las personas viajaban en sus autos sin su cinturón de seguridad.

“La gente -pensó Bruno- cada vez confía más en sus asistentes personales, pero a la vez los ignora. Han dejado de leer y de prepararse en aspectos como la economía y las finanzas personales, porque saben que siempre habrá un nuevo asistente personal con mejores características para manejar sus finanzas, pero a la vez les gusta ser dueños de su dinero y toman decisiones basados en su poca información e ignorando las recomendaciones de sus asistentes personales…me parece que en pasado la gente usaba más su cerebro”, se decía todo eso a sí mismo, mientras recordaba a su padre trabajando en las hoy obsoletas tablets.

Decidió detenerse en la siguiente estación de alimentos, le pidió a su asistente que ordenara una bebida y reservara un lugar, mientras llegaba la transacción se hizo, de modo que encontró su bebida en una banca que le permitía ver justo lo que le gustaba, ver a lo lejos circular los silenciosos vehículos eléctricos que eran totalmente autónomos. Le divertía ver todo lo que la gente hacía mientras viajaba en sus autos de propiedad virtual, ya casi no tenía un solo auto, sino uno virtual que le permitía tomar un vehículo en el estacionamiento más cercano y llevarlo adonde quisiera, sin preocuparse por darle mantenimiento o limpiarlo. Ahora la gente solo paga una renta mensual y Uber o Ford hacen el resto. Lex Cercano a Bruno un auto se estacionó y del vehículo bajo un hombre de aspecto agradable y sonriente. Bruno se estremeció, pues lo conocía.

-Es Lex -pensó. Lex había sido su compañero de juegos virtuales y gran amigo en sus épocas de estudiantes, pero cuando empezaron su etapa productiva se separaron, pues Lex escogió el camino oscuro ya que se inclinó por convertirse en un hacker anónimo que defraudaba a personas e instituciones.

Lex era la persona en la que Bruno pensaba cuando creaba las herramientas de seguridad de sus soluciones, pues su antiguo amigo no sólo era un conocedor de todas la seguridad actual e histórica, sino que siempre había encontrado una forma de superar cualquier barrera que se le pusiera enfrente, así fuera un sistema cuántico, blockchain o herramientas con inteligencia artificial avanzada. Bruno observó a Lex caminar hacia las mesas donde había personas disfrutando de la vista y sus bebidas. -“Está trabajando”- pensó Bruno mientras lo veía establecer un breve diálogo con unas chicas que parecían sentirse muy halagadas con la presencia de chico que lucía impecable, a la moda y muy decente. Lex era un ingeniero social, había llegado a convertirse en el mejor después de encontrar que, sin importar el tipo de herramienta de seguridad que esté intentando hackear la forma más sencilla de tener acceso a la información era a través de los usuarios de los sistemas.

A través de ellos obtenía todo lo que necesitaba, desde información sobre las barreas de seguridad, como elementos biométricos y acceso a los bancos de contraseñas.

“La gente siempre confía en las personas incorrectas” se repitió a sí mismo mientras veía lo que Lex hacía, reír y ser encantador y divertido con sus nuevas amistades. Tuvo ese sentimiento molesto que le hacía sentir un sudor frío en la espalda que con esa técnica hasta su propia novia, el amor de su vida, había caído ante los encantos de Lex

Decidió irse de ahí para no ver más. Su asistente personal guardaba también silencio, la que con todo el acceso a información privilegiada y capacidad de procesamiento encontraba una respuesta para evitar que las personas actuaran de forma personal ante un profesional especializado en la persuasión y el encanto.

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