El crédito es un perro

Cómo salir de deudas

Era temprano para llegar al café donde quedé de verme con mi amigo, pero no tenía otra cosa que hacer, así que decidí esperarlo en el sitio donde acordamos, mientras intentaba leer un libro electrónico.

Encontré un lugar para estacionarme a la vuelta de la esquina, de modo que tenía que caminar un poco más de media cuadra para llegar al café. Era una calle solitaria en una tarde invernal de esas contradictorias que te hacen sentir frío en la sombra y calor abrazador en los rayos del sol.

De pronto lo vi: un perro de raza Dogo de Burdeos al parecer se había quedado fuera de su casa y paseaba nervioso en la acera. No reparé en él hasta que, al acercarme a unos 10 metros de distancia me miraba de frente, mostraba sus dientes y gruñía amenazante.

Me detuve. Esos perros tienen fama de bravos -pensé-. Cuando me paré el perro dejó de gruñir, pero no me perdía de vista.

Recordé entonces que el gruñido de un perro es una señal de aviso para que uno se aleje. Lo primero que hice fue dejar de mirarlo para no retarlo, luego giré en 90 grados y crucé la calle. El perro dejó de mirarme y yo también crucé tranquilo y seguro de mí mismo frente al territorio del perro y luego hasta la esquina.

Los perros me gustan y sentí preocupación por el animal, que al final tenía miedo y estaba haciendo lo que naturalmente hace un sujeto honesto como los perros: cuidar su territorio de extraños. Así que decidí sentarme en una mesa donde podía verlo. La mayor parte del tiempo se sentaba tranquilo y triste frente al portón de su casa, sólo se ponía en estado de alerta cuando alguien se acercaba caminando. A los autos, motocicletas y bicicletas las ignoraba a menos que pasarán muy cerca de él, su zona territorial.

En mi observación descubrí que las personas reaccionan de manera diferente frente a un perro gruñendo, una situación que, sin lugar a cualquier duda, es un aviso de peligro. Estas son las clases de personas que identifiqué según su reacción:

1. El que no sabe de perros, cree saber no tiene miedo.

Debo confesar que fue un solo caso. El sujeto se levanto su pecho, frunció el ceño y le dijo “quieto”. El perro detectó la actitud amenazante y corrió hacia él para atacarlo, el sujeto también corrió en sentido contrario mientras el perro le ladraba. Si hubiera querido lo habría alcanzado, pero sólo estaba defendiendo su casa

2. El que se mete en problemas por distracción.

Personas conversando o hablando por celular que descubren al perro cuando éste corre hacia ellos a toda velocidad, ladrando para lanzar una advertencia más fuerte. Todos regresaban corriendo despavoridos, pero ninguno recibió ninguna mordedura, en ese momento comprendí que el perro no mordería a nadie a menos que fuera, para su criterio, necesario. Su trabajo era advertir.

3. Las personas que no saben que hacer y tienen miedo.

Estas eran la mayoría. Todas se alejaban de ahí sin cumplir su intención de destino, supuse que preferían rodear a la manzana antes que enfrentarse a la amenaza, a pesar del esfuerzo y tiempo que gastarían.

4. Las persona que sí sabían que hacer.

Desviaban la mirada, cruzaban la calle y seguían adelante sin ningún problema.

Las cosas no cambiaron, durante un rato y mi atención bajó. Mi amigo estaba retrasado y mi mente empezó a divagar. De pronto entendí: el crédito es como un perro, una amenaza para casi todas las personas que no lo conocen.

La asociación fue fácil:

A) Los que no saben de crédito y creen saberlo.

Este tipo de personas es la que dicen por todos lados a sus amigos y conocidos. “No pagues el crédito, no pasa nada”. Lo saben porque adquirieron un crédito y no supieron pagarlo. No contestan las llamadas y piensan, porque lo escucharon en alguna parte, que solo tienen que esperar un tiempo para que dejen de buscarlos. El perro termina persiguiéndolos toda la vida con un reporte de crédito con malos antecedentes y sin posibilidades de obtener otras oportunidades de crédito.

B) Los que firman créditos sin saber

“No sabía que…” es lo que este tipo de personas suelen decir cuando ven que no les alcanza para pagar su crédito, los que no conocen su fecha de corte o no entienden porque les cobran intereses, los que pagan el mínimo de sus tarjetas de crédito y pagan mucho en intereses. Este tipo de personas también tienen antecedentes negativos en los buró de crédito. Su monto de deuda es creciente y basta que ocurra cualquier contingencia para que tengan problemas serios con sus créditos.

C) Los que temen al crédito y mejor no lo aprovechan

De acuerdo con Condusef sólo el 39% de las personas que viven en zonas urbanas está bancarizada. Es decir, la mayoría no tiene cuentas en los bancos y mucho menos créditos, no porque no lo tengan disponible, sino porque no quieren hacerlo.

Si se les pregunta a estas personas porque no usan los bancos y los créditos se les escucha razones que se caracterizan por una falta de conocimiento real de cómo funciona el sistema financiero. Explicaciones como que no les gusta usar cajeros automáticos porque no saben si van a entregarles todo su dinero, han escuchado que hay personas que perdieron todo su dinero y que el banco no se los quiere regresar, que los créditos son para robarte, que las tasas de interés nadie las puede pagar e ideas por el estilo

D) Los que saben cómo usar el crédito

Este tipo de personas sí aprovecha el crédito, lo tiene bajo control son totaleros, aprovechan los beneficios de las tarjetas, saben que pueden usar la portabilidad si un crédito es mejor en otra institución, usan los beneficios de pagar con tarjeta en internet, pago de servicios, boletos o compra de productos, sin tener que salir de su casa.

Son a mi parecer a los que mejor les va, sin importar cuanto ganen o cuantos años tengan.

La diferencia entre los tres primeros tipos de personas y la última que es la que mayor beneficio obtiene no está sólo en el conocimiento, todos saben algo de una manera u otra, sino que tienen claras sus convicciones y saben como superar sus temores y riesgos con la información correcta.

A diferencia de otras clasificaciones, esta que es mía y es absolutamente arbitraria, puede ser intercambiable, principalmente para cambiar a la cuarta y mejor categoría de los usuarios del crédito.

Minutos después llegó mi amigo

- “¿Por qué tardaste tanto?” -le pregunté

- “Es que había un perro a mitad de la cuadra y no sabía cómo cruzar” -me respondió

Su cara me recordó esta maravillosa escena de la película que protagonizó Tom Hans con un perro Turner & Hooch (1989), una relación que empezó un poco mal, pero que terminó siendo fuerte y profunda-

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