Controla tu dinero o serás su víctima

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Si soy honesto, tengo que reconocer que me llevó años controlar mi dinero, en especial porque no me daba cuenta de que yo no tenía el control sobre él, pensaba que con ser puntual con los pagos de la tarjeta y los compromisos con otros créditos era suficiente.

Era fácil olvidar que por momentos mi preocupación por el dinero crecía, especialmente cuando llegaban gastos imprevistos, que en realidad no lo eran tanto, sólo que mi mente prefería ignorarlos hasta que fuera necesario y urgente atenderlos.

Todo lo pagaba a última hora, jugando con los saldos de mis tarjetas, extendiendo los plazos y esperando ansioso equilibrarme con los aguinaldos o los bonos que recibía en mi trabajo.

Del momento que descubrí que yo no tenía ningún control sobre mi dinero y que me pasaba la vida sólo pensando como resolver los retos económicos que tenía enfrente hasta el momento en que empecé a construir mi libertad financiera, pasaron muchos pasos, descubrimientos, derrotas y aprendizajes.

Me fui por el camino de las piedritas, pero ahora que lo he recorrido puedo me siento capaz de dar algunas recomendaciones para que la gente tome un camino más sencillo para lograr ese control

Ésta es la forma como lo haría ahora más fácil, después de haber tomado el camino difícil

-Bajar mensualmente el saldo de la deuda total. Generalmente el punto de partida es cuando nos preocupamos porque empieza a ser difícil tomar una decisión entre adquirir algo que consideramos necesario o pagar una deuda. Generalmente lo que hacemos es pagar la deuda y pagar a crédito lo que necesitamos, de modo que mensualmente nuestra deuda va creciendo.

Pero nada es infinito, debemos parar y el primer esfuerzo que debemos hacer es evitar que nuestras deudas crezcan sin control.

Para lograr esto, lo primero que debemos de saber es a cuanto asciende nuestras deudas y para ello hay que sentarse y hacer una lista de lo que debemos. Es necesario advertir que este esfuerzo enfrenta barreras psicológicas, no queremos saberlo porque sabemos que el análisis no nos gustará, pero hay que vencer esta primera barrera y llevar el control para poder saber si el siguiente mes aumentó o disminuyó la deuda.

-Decidir que es realmente necesario y que es un deseo

Este análisis puede llevar mucho tiempo, la fórmula es que la necesidad es inmediata: tenemos hambre comemos, sentimos la necesidad de ir al baño, o ya no podemos mantenernos despiertos pues caemos de sueño.

Pero ¿qué pasa cuando en las noches sabemos que es hora de cenar y lo hacemos sin hambre o, peor aún, nos sentimos aburridos y decidimos salir a cenar fuera?

La línea que marca la diferencia entre necesidad y deseo es muy sutil y debemos pensarla diariamente.

El día de ayer, por ejemplo, descubrí que mi preocupación por cambiar los muebles de mi casa eran un deseo y no una necesidad, pero para ello tuve que repensar una y otra vez que era más importante que yo controlara el dinero y no salir a una barata de enero que me permitiría comprar los muebles que deseaba con descuento.

Cuando uno trabaja en distinguir la necesidad entre necesidad y deseo, las compras empiezan a disminuir. La verdad es que realmente necesitamos poco, la mayoría de nuestro tiempo, esfuerzo y energía los gastamos persiguiendo nuestros deseos. Eso no tendría nada de malo, sino fuera porque no tenemos claridad en ese deseo, de modo que cuando adquirimos o hacemos algo nuestro deseo no está totalmente satisfecho.

Veamos un ejemplo. Digamos que yo quiero comprar los muebles nuevos porque siento que mi casa se ve anticuada y quisiera que mis amigos no pensaran que me estoy haciendo viejo y descuidado. Así que quiero renovar mi casa con muebles modernos, innovadores y algo audaces. Puedo entonces adquirir esos muebles a crédito y, entusiasmado, invito a mis amigos a cenar para que conozcan mi nueva cada moderna y audaz, pero descubro que este cambio no impresionó a mis amigos, lo que me lleva una fuerte decepción. Ahora tengo una deuda, unos muebles nuevos que ya no me gustan y un deseo insatisfecho.

Lo que debí haber hecho es pensar un poco más porque tengo esa necesidad de demostrar que no estoy envejeciendo. ¿Qué me hace pensar así? La respuesta me llevara tiempo, pero -cuando lo descubra- seguramente lo resolveré de un modo diferente y con otro tipo de gasto, si es que es necesario gastar algo.

-Dar dirección y sentido a nuestra idea de bienestar

Una vez que tenemos claras nuestras necesidades y las deudas bajo control, empezaremos quizá a tener un poco de flujo de efectivo sobrante. Pero esto no es suficiente, sin o tenemos claridad de lo que realmente es bienestar para nosotros, empezaremos a gastar ese dinero en caprichos y deseos, de modo que nuestra vida no tendrá un cambio radical.

Esta dirección es distinta para cada persona, para algunos puede ser la libertad financiera, para otras el retiro o bien la compra de una casa en el campo o la ciudad, un viaje o un estilo de vida.

Gracias a la práctica que ya adquirimos entre necesidad y deseo es fácil ahora pensar en la diferencia entre sueños y objetivos. La literatura de motivación nos empuja a tener grandes sueños, pero algunos son prácticamente inalcanzables, un toque de realismo a nuestros objetivos nos da ese lazo que nos permite acercarnos a nuestras metas con nuestro esfuerzo propio.

En el momento en que defines este último paso y trabajas para lograrlo, estas controlando tu dinero y no eres víctima de los pagos de deudas, de los imprevistos y del estrés. Esto no significa necesariamente que estés libre de deudas, sino que tienes control y dirección de lo que ganas.

En esta situación el uso de los créditos es estratégico y nos ayudan a alcanzar el bienestar que estamos buscando.

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