El poder de la palabra

Vive mejor

Las palabras no sólo comunican, también nombran las cosas y en ese acto les agregamos emociones positivas o negativas que modifican nuestra conducta o las de los demás: solo pensemos en las emociones que nos causan palabras como perversidad, miseria, enfermedad o sus contrarios felicidad, riqueza, abundancia.

Hay teorías que dicen que somos nuestras palabras y de alguna forma podemos verificarlo. Por ejemplo una persona que tiene una actitud negativa ante la vida usará palabras como peor, malo, dramático, imposible. La probabilidad de que obtenga en su vida resultados negativos es mayor que las de los demás, porque en realidad es lo único que está viendo.

Lo mismo ocurre con lo contrario: el optimista tiene la capacidad de ver las oportunidades detrás de los obstáculos y hay ocasiones que ese simple hecho marca una diferencia, por supuesto su vocabulario está formado por como poder, ir, hacer, intentar, pedir, hablar, llamar, buscar, todas referidas a la acción.

Las palabras son tan importantes en nuestra conducta que hay expertos que son capaces de predecir nuestro comportamiento  crediticio con las que usamos, como lo vimos en un post anterior. 

El poder de la palabra es expansivo, cuando las usamos en conciencia al primero que nos influye a nosotros mismos y luego a quien se las decimos.

Y, sin embargo, ese poder lo despreciamos a menudo.

Pero no tenemos que ser expertos en lenguaje, en conducta o motivación para obtener provecho del poder de nuestras palabras. Lo importante es tener conciencia de su fuerza y hacer uso de las más básicas como el uso del sí, del no y neutrales como “no sé”, “no aún” o “no por ahora”.

Es más fácil explicarlo con ejemplos:

El poder del no. La palabra no tiene una enorme importancia en el uso del dinero y del crédito. Generalmente el poder del no está relacionado con el gasto o el uso inadecuado del tiempo. Si te decides a decir que no a los gastos que sabes que no sólo son superfluos, sino que te llevarían a endeudarte innecesariamente, su poder empezaría contigo e influirá a los demás.

Si llevamos un no en la mente cuando salimos de casa, podremos usarlo con nuestros propios impulsos de gastos y la usaremos con quienes nos hagan oferta de cosas que no deseamos. Podemos valorar el poder de esta palabra cuando somos débiles y alguien nos dice algo que nos hacen cambiar la palabra por una mayor atención de las palabras.

El poder del sí. El sí es la llave de todas las puertas, tanto de las que nos benefician como de las que nos perjudican. Imagina un deseo y un sí de quien dependiera su cumplimiento. ¿No es fantástico? El problema es que la realidad no es siempre así, sólo es un ejemplo para mostrar el poder de esta palabra. Al ponerle un “sí” a los objetivos que tenemos nuestra actitud se cargará de energía, a la gente les costará un poco de más esfuerzo negarte algo y podrías encontrar a persona que esté dispuesta a intercambiar un sí o simplemente a dártelo. Prácticamente nadie logra nada si no tiene un sí en su mente, ya que, aunque las cosas no son fáciles, no serian descubiertas si quien busca algo no abre esa puerta con la llave del “sí”

Las palabras de "espera". El vigor de las palabras, del que hemos hablado, nos ayuda a comprender la importancia de este poder, sobre todo porque reside en nosotros y eso tienen un significado adicional. Ya que es nuestro, nosotros tenemos la facultad de decidir cuando usarlo. Es decir, si nosotros aun no hemos tomado una decisión final, también podemos decidir usar un si o un no cuando nos sea útil a nosotros mismos y no a quien nos lo requiere.

Puede ser por ejemplo que nosotros estés planeando comprar un auto y empezamos a investigar precios. Debido a los algoritmos que se han desarrollado, bastará con que hagas una búsqueda en internet para que te lleguen una amplia variedad de ofertas de créditos para comprarlos, pero si tu no has decidido, tienes el poder de pedir que te esperan para analizar la calidad de tu compra y este poder reside en tus propias palabras, un simple "ahora no" o "tendrá que esperar a que lo piense" son suficientes para dejar la decisión en el tiempo y lugar que a nosotros nos convenga. 

Si para muchos de nosotros es difícil decir "sí" o "no", el decir "espera" es todo un reto, porque le expresamos una duda a nuestro interlocutor, lo que sirve como una señal para insistir, amenazar sutilmente que la oferta termina, el producto se acaba o los precios cambiarán. El poder ser capaz de controlar estos argumentos a nuestro favor es la mejor prueba que demuestra de forma contundente que el poder lo tienes en tus palabras. 

Y por esto, recuerda,  que es un poder que reside en nosotros.

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