El placer de no hacer nada

Vive mejor

¿Por qué sentimos que debemos estar ocupados?

Cuando se pregunta a las personas: ¿Cómo se sentirían si pasaran una mañana sin hacer nada, la mayoría contesta “muy mal”?

Hemos sido habituados a estar ocupados la mayor parte de nuestro tiempo, especialmente algo que sea “productivo” o “provechoso”, de otro modo el no hacer nada se considera como si fuera una pérdida de tiempo.

¿Realmente lo es? Los leones por ejemplo pasan la mayor parte de su vida (20 horas diarias) durmiendo o en estado de reposo. Quien tenga mascotas saben que los perros y los gatos hacen lo mismo: nada.

Pero nosotros debemos hacer al menos algo para considerar que estamos bien, que no somos flojos o unas malas personas.

Lo irónico de esto es que, a pesar de querer sacarle el mejor provecho de la vida, el resultado de nuestro esfuerzo no es muy notorio. Trabajamos mucho y en algunos casos de más, pero esto no siempre se traduce en una cartera abultada o una mejor calidad de vida.

Para muchos, incluso puede significar un gasto mayor, con transportes y comidas adicionales.

Pero hemos aprendido a sentirnos bien después de un día intenso de trabajo, cumplimos con nuestras obligaciones, entregamos nuestra energía y ese cansancio que sentimos nos hace sentir que ahora si nos sentimos merecedores de un breve descanso.

¿Pero realmente es necesario que sea así nuestra agenda y uso del tiempo?

Sí lo que buscamos es bienestar en nuestras vidas etejidoss importante, prácticamente indispensable, aprender el placer de no hacer nada.

Pero para lograrlo primero deberíamos reflexionar sobre nuestra necesidad de estar ocupados. Porque en realidad se trata de un prejuicio, un mito cultural que nos repetimos a nosotros mismos y que se trasmite de padrea a hijo.

Dan Sullivan, fundador de la plataforma de coaching empresarial Strategic Coach, distingue entre aquellos que están en la "economía del tiempo y el esfuerzo" con aquellos que están en la "economía de resultados".

Si estás en la economía de tiempo y esfuerzo, lo importante es estar ocupado. Realmente crees que la cantidad de tiempo y energía que pones en algo marcara una gran diferencia. Por el contrario, cuando estás en la economía de resultados, sólo te enfocas en lograr un resultado específico.

Este simple distinción produce una enorme diferencia en la calidad de trabajo. Cuando cambias tu enfoque, cambias también tu forma de trabajar.

Es muy clara esta diferencia cuando lo vemos desde el punto de vista de los deportes. Sin importar el desempeño de los jugadores, lo que hace la diferencia es el marcador final, quien gana y quien pierde. Por décadas hemos escuchado como los jugadores de fútbol soccer de la selección mexicana se han esforzado hasta desfallecer, pero sus resultados han sido consistentemente malos, o en el mejor de los casos mediocres.

Pero si algún deportista logra un resultado único, como una medalla olímpica, lo recordaremos siempre.

Lo mismo ocurre con nuestra vida. El vivir dentro de la lógica de la economía del tiempo y el esfuerzo no nos garantiza lograr ningún beneficio, pero vivir dentro de la otra economía, la de los resultados, ese resultado marcará nuestra diferencia.

De modo que lo importante no es cuánto tiempo usas o cuánto te esfuerzas, sino le obtienes realmente. Bajo este enfoque puedes descubrir muy rápidamente que el tiempo no es lo importante sino nuestra claridad de pensamiento y esto no se logra si vivimos bajo estrés por la presión del tiempo y cansados por lo que hacemos.

El enfoque de la economía del resultado nos exige claridad mental y esta solo se logra cuando aprendemos a no hacer nada. Eso no quiere decir que todo el tiempo debamos estar sin trabajar, pero el no hacer nada es parte del proceso de enfocarse en los resultados y no el tiempo y el esfuerzo

¿Por qué? Porque el silencio mental, la inactividad y la capacidad de desarrollar el estar presente abre las ventanas de nuestra creatividad, nos permite enlazar puntos aislados clave y lograr resultados más innovadores.

No importa si eres empleado, empresario, estudiante o que no tengas trabajo. El enfoque al resultado marcará tu diferencia. Por ejemplo, si estás buscando trabajo, no importa que mandes 300 solicitudes de empleo a diferentes empresas. Es más útil detenerse a estudiar en cuáles empresas tienes oportunidades y en hacer los necesarios para ser la persona que están buscando.

Es tiempo, por lo tanto de valorar el placer de no hacer nada

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