El derrochador que todos llevamos dentro

Vive mejor

¿Quién que haya visto la película de Armagedon no recuerda a Rockhound? Personaje interpretado por Steve Buscemi, un genio que desperdicia su talento en cualquier trabajo siempre cuando sea divertido le paguen bien y haya mujeres que perseguir.

Cuando Rockhound se enteró que iría a una misión en el espacio, de la cual él estaba seguro de que no volvería, decidió llevar su vida al máximo placer, derrochando dinero y diversión, gastó, apostó y se endeudó bajo la idea de que no importaría, ya que no podría regresar para tener que pagar lo que se estaba consumiendo.

Su sorpresa fue muy grande cuando termina su aventura con vida y, recordar que tenía deudas por las cuales responder en cuanto aterrizara, lo cual de alguna manera opacaba su éxito e imagen de héroe que había construido junto con sus compañeros al salvar el planeta.

Todos tenemos un poco de Rockhound en nuestro interior, especialmente cuando pensamos que es más importante vivir al máximo el presente sin preocuparnos por lo que pueda ocurrir en el futuro.

Aunque este pensamiento es muy útil para estar en el momento presente y aprovechar las oportunidades, Rockhound apostó su futuro inmediato, bajo la idea errónea de que no viviría para responder a sus compromisos. Algo que todos hacemos día a día, cuando desechamos la idea de ahorrar para nuestro retiro.

Pero la actitud de este personaje no era la de dejar de pensar en su vejez, sino la de echarse compromisos que tendría que para justo cuando regresara de su misión. ¿No les parece familiar?

Al menos a mi me recuerda las temporadas de fin de año, aun a pesar de que estemos en la tercer semana de diciembre el año nuevo siguiente me parece tan lejano que no se me hace importante pensar sobre él, especialmente si es cuando lleguen los estados de cuenta donde vengan registrados los pagos de los excesos que tuve en ese largo y aislado diciembre.

No tener la habilidad de prever lo que ocurrirá después de un evento muy importante, no tiene que ver con la escolaridad, el IQ o la experiencia. Rockhound era un genio y tampoco tuvo el interés por limitarse en el remoto caso de que sobreviviera a su visión y tuviera que regresar a responder por todos los compromisos que se había echado.

Muchas personas actúan de este modo porque en el fondo de su pensamiento están preparados para todo, excepto para el éxito y porque, además, están acostumbradas a ir resolviendo sus problemas conforme se presenten.

Pero las finanzas personales, especialmente la construcción del patrimonio tiene otro ritmo diferente al que tienen nuestras “misiones” de la vida. Su evolución es a largo plazo, a un ritmo tan lento que pensamos que siempre habrá tiempo para alcanzarlo, aunque cada día esté mas lejano y si no hacemos consciente este ritmo, el problema puede ser aún más complejo cuando pensamos que el crédito también tiene un ritmo lento de pago, que lo importante es resolver el presente y que en el futuro inmediato “ya veremos” como resolverlo.

Si el ritmo de tu vida te está llevando a pensar así es momento de detenerte, porque a diferencia de las películas, la amenaza no se destruye en hora y media.

Lleva más tiempo, requiere de planeación, disciplina y constancia, requiere de hacer una excepción de no ver el día de hoy como si fuera el último día de nuestras vidas, sólo por si acaso.

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