El fracaso de la perfección

Vive mejor

“Soy perfeccionista” explicó una mujer de mediana edad cuando le explicaba a una amiga porque no podía establecer una relación de pareja a pesar de tener varios candidatos.

Ante el silencio de su amiga continuó: “No sólo con los hombres, soy perfeccionista con todo, no me gustan los errores, y menos los que cometo yo ¿Cómo crees que voy a aceptar a cualquiera que no le preocupe lo que hace, viste o piensa?

-¡Tienes razón amiga! Siempre cuidas los detalles, no dejas nada al azar

Ambas amigas se despidieron pensando que ninguna había sido sincera, pero a la vez sabían que la conversación no podía ser diferente si se quería evitar cualquier afectación a la autoestima de la mujer perfeccionista.

Sin embargo, la mujer que buscaba la perfección fue quien se sintió más insatisfecha y decidió que debía esforzarse más para que sus amigas realmente reconocieran que ella era perfecta y no sólo lo dijeran como una cortesía social.

Así es como funciona la mente de un perfeccionista. Nunca nada es suficiente, siempre habrá algo que mejorar, para alcanzar la anhelada perfección, además de la molestia que causan los errores. Pero quizá lo que más llama la atención de lo que ocurre con una persona que busca la perfección es la enorme cantidad de energía que invierte para alcanzar un objetivo que parece mantenerse siempre más lejano que del mejor de sus esfuerzos para alcanzarlo.

Para aquellos que recuerden el post que escribimos sobre la tendencia al desorden podrán recordar que la realidad funciona justo en el sentido contrario, el mundo se mueve hacia el caos y no hacia la perfección, lo que hace que la lucha por lo perfecto sea frustrante y efímera.

Hay razones psicológicas profundas para que una persona busque la perfección, pero gran parte de esa carga también proviene de un concepto de vida perfecta que se nos ha inculcado a través de la publicidad, la mercadotecnia y las historias de felicidad que nos venden a través de películas, historias de marca y mensajes publicitarios.

Los productos y servicios que nos ofrecen a través de esos mensajes nos prometen una vida óptima, la que no ocurre, pero si exige nuestro tiempo, dinero y esfuerzo. Es fácil de observar cuando se ven esas propuesta a distancia, entonces podemos descubrir que esa perfección nunca llega:

La promesa de una vida mejor no se cumple. Cuando intenta optimizar, está pasando algunos de sus preciosos momentos de vida tratando de encontrar la configuración perfecta, que deja de serlo al día siguiente. Desafortunadamente, la mayoría de las personas que optimizan no solo lo configuran y lo olvidan, sino que continúan intentando optimizar una y otra vez. Es una búsqueda interminable, por lo que el costo sigue aumentando, pero los ahorros nunca se recuperan.

El perfeccionamiento es una trampa de la insatisfacción. Optimizar es la búsqueda de algo tan perfecto como puedas obtenerlo. Pero eso es un ideal poco realista. Realmente no existe. Y nunca llegaremos a lo óptimo. Cuando nos acerquemos, continuaremos con el hábito de estar insatisfechos con la forma en que están las cosas. Habremos trabajado mucho, pero luego no seremos felices. Porque la búsqueda de lo perfecto es una trampa, donde estás fortaleciendo el hábito mental de insatisfacción.

El perfeccionamiento nos enfoca en lo que no es importante. Crear el sistema de productividad perfecto, el software de lista de tareas perfecto no es importante. Es la dilación sobre las cosas que son realmente importantes. Crear un sistema de dieta perfecto no es importante: comer verduras sí lo es. Olvida el resto, solo haz eso. No es importante idear unas vacaciones perfectas: te estás perdiendo lo que tienes enfrente, allí en casa, cuando intentas optimizar tu próximo viaje.

Incluso si pudieras optimizar, una vida tan perfecta te disgustaría. Imaginemos por un momento que podría pasar una semana optimizando cada cosa en su vida. Ahora todo es perfecto, la mayoría de las cosas están automatizadas, la vida es ridículamente fácil. Incluso si fuera posible hacer la vida tan perfecta, la vida sería aburrida. Si todo se desarrollara fácilmente, nunca apreciarías ningún logro, porque fue demasiado fácil. Nada se ganaría, nada se sentiría increíble. Las personas corren maratones no porque sean perfectos, ideales y fáciles, sino porque son reto enorme. La lucha lo hace significativo. En realidad, las dificultades te ayudan a aprender, a evolucionar y crecer. Un poco de irritación motiva  a encontrar paciencia, esmero y entrega, dimensionar los ideales y amar las cosas como son.

Optimizar es una distracción. La perfección no es realmente importante. Lo relevante es esta presente, que aprendas a ser consciente y descubrir la vida como es.

La pregunta que surge es, si uno no busca entonces ¿se cae en la mediocridad? Eso es justamente lo que nos hacen creer. Si no se es ganador, entonces uno es perdedor. Y la vida en realidad no funciona así. La realidad es como un laboratorio que nos permite un ejercicio constante de ensayo y error, lo que convierte al fracaso en la ruta del éxito.

Esto es lo que recomienda un experto en mejorar la calidad de vida y dejar de ser un esclavo de la inalcanzable perfección:

-En lugar de optimizar su agenda, elije una cosa para hacer y concéntrate completamente en ella. Hazlo con todo tu corazón. Tómate un momento para hacer una pausa y no correr a la siguiente cosa. Luego repite.

-En lugar de tratar de encontrar el programa perfecto, la herramienta perfecta, la ropa de viaje perfecta ... concéntrate en estar contento con el lugar en el que se encuentra, quién es, qué tiene y qué tiene ante usted en este momento. El contentamiento es mucho más importante que llegar a la perfección.

-En lugar de crear una rutina, un sistema o una configuración frágil optimizada ... concédete situaciones menos que óptimas, aleatoriedad, cosas a las que necesita adaptarse. Desarrollar flexibilidad, agilidad, adaptabilidad, robustez, anti-fragilidad.

-Aprecia el momento fugaz, porque no habrá muchos más antes de morir. Sumérgete totalmente en el momento, apreciando la belleza de esta vida.

Cuando te encuentres con la necesidad de optimizar y encontrar la configuración perfecta, reconoce que te estás distrayendo de lo importante. Luego pregúntate: “¿Qué es lo más importante en este momento?” Concéntrate en eso.

Deja que tu camino sea menos controlado, más aleatorio. Que se llene de desorden, porque así es como lograrás evolucionar. Permite que tu camino se llene con la alegría de la vida tal como es, porque eso es óptimo. Lo que es y no lo que deseas que sea.

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