Mi comida favorita mejoró mis finanzas

Tu hogar

No sé como sea tu relación con las comidas, pero el mío estaba sujeto a un ritmo frenético, en donde comer formaba parta de una serie de excesos que se repetían en mi día a día

Hace unos años llegaba cansado y harto a casa, lo único que quería era cenar y ver la televisión. Pero los tiempo han cambiado para peor, Netflix tiene un algoritmo en el diseño de sus series que los hacen adictivos, de modo que me pasaba varias horas frente al televisor, cenando primero y luego buscando en el refrigerador cosas que se me antojaran, porque sentía ganas de comer aún más. Yo desconocía que el cerebro, cuando uno se desvela, confunde la sensación de sueño con la de hambre de modo que comía más y dormía menos de lo aconsejable para mi salud.

Luego, obviamente, me levantaba apresurado para irme al trabajo, no daba tiempo de desayunar, de modo que con el tiempo se creó en mi un terrible hábito que compartía con mis compañeros de trabajo: comprar algo para desayunar y comerlo entre teclados en la computadora y llamadas telefónicas. Por supuesto en el camino ya había comprado un saludable jugo de naranja y un café antes de llegar a mi oficina.

Más tarde, a la hora de la comida, había que comer algo en la calle, en algún restaurante cercano, para que al final del día llegar a casa con ganas, de nuevo de cenar y ver televisión.

Los fines de semana eran peores, mi esposa e hijos querían salir, pasear en centros comerciales, ir al cine y, por supuesto, comer fuera.

Los domingos íbamos de compras al súper: comprábamos sólo alimentos procesados porque nadie tenía tiempo de cocinar. Si por algún motivo llevábamos algo para cocinar, terminaba echándose a perder en el refrigerador y tirándose a la basura, semanas más tarde.

No nos sentíamos satisfechos, pero al mismo tiempo, no nos parecía que hubiera otra forma de vida.

Un día hice cuentas de lo que gastaba de dinero en comidas. Me sorprendió que sólo en mi persona consumía el 15% de mis ingresos. Si sumaba los gastos de mis hijos y el de mi esposa, la suma era aterradora: casi la mitad de lo que ganábamos lo pagábamos en comidas fuera de casa y alimentos procesados. El resto era para pagar colegiaturas, servicios y la mensualidad del auto. No alcanzaba para más.

Además, empezábamos a tener problemas de sobrepeso y de salud, sin mencionar que la comunicación con la familia era casi nula.

Junto con mi esposa decidimos cambiar, nos dimos cuenta de que, ante todo, teníamos una problema de gasto innecesario de energía y tiempo y que el principal problema era nuestro insaciable placer por las series de televisión, que nos llevaba a casa físicamente pero no en mente y espíritu.

Nuestra vida se transformó por completo. Apagamos el televisor y una noche entre tazas de café y buena charla, mi esposa y yo nos volvimos a unir como pareja para crear un nuevo y fascinante proyecto: comer sano y, lo más frecuente posible, en familia.

Descubrimos que la noche podíamos cocinar, en la mañana desayunar todos juntos. Aunque la hora de la comida no nos pudiéramos reunir, la cena podía ser también otro momento de convivencia.

Todos nos involucramos en la planeación de la comida, la ida a las compras, poner la mesa y con ello abrimos muchos canales de comunicación que ni siquiera habíamos imaginado que podríamos lograr. Nuestros hijos nos conocieron, ya que ni siquiera entendían a lo que nos dedicábamos y nosotros como padres descubrimos facetas de nuestros hijos que no imaginábamos.

Nuestro gusto cambió. De pronto ya no nos gustaba tanto la comida de fuera, la sazón de mi esposa era única y la empecé a preferir por sobre cualquier otra. Asi que decidimos espaciar las salidas a comer fuera y ser más selectivos con los lugares a los que iríamos a comer.

En lo relacionado con la economía, el dinero floreció, no sólo porque ahorramos al dejar de comprar muchos de nuestra comida procesada y no comer fuera, también mejoró porque se incrementó nuestro nivel y calidad de comunicación, dejamos de tomar decisiones precipitadas, nos comprendimos mejor y el gasto se racionalizó, para enfocar nuestros recursos a nuevos proyectos de la familia.

Pero lo más importante, es que nuestra familia se volvió más integrada.

Comer en familia


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