Liquida tus impulsos de compra con estas preguntas

Cómo salir de deudas

Puedes llamarle pesimismo defensivo o inteligencia emocional para aplazar la recompensa, frugalidad, o incluso cuestionarlo y decir que es tacañería, pero la verdad es que hay una habilidad especial en las personas que hacen crecer su dinero que los hace diferentes a los demás.

Esta habilidad consiste en una capacidad para ver hacia el futuro de un modo más preciso. Es una cualidad que no puede definirse como optimista, ni pesimista, pues implica riesgos, pero a la vez precaución, tienen la cualidad de encontrar el punto preciso que será más exitoso y que se encuentra entre el riesgo de perder y la prudencia para evitar el exceso.

Se requiere de un talento que debe ser desarrollado, pero que empieza con un elemento básico: el control de los impulsos. Porque, aunque son energías similares, no es lo mismo perseguir una intuición que dejarse llevar por los impulsos emocionales.

¿Cómo distinguirlos?

Para empezar, puedes someter tus decisiones a tres simples pruebas que podrían ayudarte a descubrir cómo somos víctimas de nuestros propios anhelos, en un proceso cargado de ironía, pues entre más nos impulsamos hacia nuestros deseos, más nos alejamos del piso que nos permitiría llegar a ellos. Esto es así por el simple hecho de que las créditos mal planeados, los gastos innecesarios y el desorden de nuestras finanzas nos alejan de la salud financiera que necesitamos para poder perseguir lo que queremos lograr en la vida.

Si quieres saber si vives consumido por tus deseos o estás construyendo un camino sólido hacia tu bienestar, prueba responder estas preguntas cuando vayas a comprar algo.


-Esto que estoy comprando: ¿Satisface una necesidad o es provocada por un deseo?

En otro post explicamos que la diferencia entre una y otro es que la necesidad se manifiesta en el aquí y en el ahora, mientras que el deseo permanece en el éter de lo que soñamos, como felicidad, poder, amor, aceptación que estamos adquiriendo a través de ropa, autos y un sinnúmero de objetos y servicios.


-Sí, estoy seguro qué es una necesidad, pero ¿puedo pagarla?

Para el 90% de la población en el mundo siempre habrá necesidades que no se pueden pagar. Por ejemplo: la mejores escuelas para una inteligencia excepcional, la cura milagrosa que exige irse al otro lado del mundo, el inmenso amor que merece la mejores joyas que aumenten su belleza, cada uno de ese inmenso 90 por ciento tenemos en nuestro corazón esa necesidad insaciable que carcome el corazón porque no poder pagarla. Y aunque puede discutirse que no es una necesidad sino un deseo, la realidad personal es que se vive como una necesidad que se necesita en ese momento y en ese tiempo, pero que no se puede pagar.

La respuesta a respuesta a esa pregunta es encontrar las opciones para satisfacer esa necesidad con productos o servicios que no impliquen un alto costo o la adquisición de un crédito que sacará de balance nuestras finanzas y nos pondrá en riesgo de perder el control de nuestras deudas.

Por ejemplo, en el tema de las mentes brillantes, la información que puede enriquecerla no necesariamente se encuentra en el sistema escolarizado, existen bibliotecas, grupos de estudio y un mundo virtual por explorarse y cultivar esa inteligencia.

Si ajustamos la solución la necesidad a nuestra capacidad de compra estaremos dando un enorme paso para poder mejorar nuestro patrimonio.

- ¿Mi decisión de compra justifica las horas de vida que voy a emplear para pagarla?

Esta es una pregunta que tiene difícil respuesta. Unas vacaciones de tres días en un lugar paradisiaco, para algunas personas puede significar el sueldo de un mes, que si analizamos bien se convierten en 160 horas de vida que usamos para pagar. 72 horas de vacaciones que, si restamos el tiempo de espera en los restaurantes y lugares a los que vamos, transportes y el sueño, quizá estemos pagando 10 horas de trabajo por una de playa, sol y brisa marina.

Si lo justifica o no es tu decisión, pero el cuantificarlo, analizarlo y decidirlo le dará más calidad a tu decisión.

Cualquiera de nosotros podemos pasar a ser parte de ese selecto grupo que toma decisiones que le beneficien financieramente, sin tener que sacrificar su moral, su tiempo o su calidad de vida, pero para ello se requiere estar dispuestos a analizar cada decisión y no dejarse llevar por ese impulso que emerge de una energía que no encuentra salida y elige el camino fácil del consumo.

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