Empezar de nuevo debiendo más de lo que ganas

Cómo salir de deudas

Hace unos años me reuní con un amigo a comer para concluir una conversación que habíamos tenido durante varios ocasiones sobres su situación económica.

Su historia empezó así: basado en lo que decía la gente en general, y en particular los conductores y dueños de autos, Uber era un buen negocio. Con organización se podía pagar la mensualidad de un auto y tener un sueldo digno. Mi amigo es casado y tenía además el compromiso de pagar la mitad de los gastos.

La realidad fue diferente, mi amigo trabajaba más de 16 horas al día sin descansar en toda semana, es decir, sábados y domingos incluidos.

A pesar de su esfuerzo apenas reunía el pago de la mensualidad del auto, los gastos de gasolina y las apresuradas comidas en loncherías y puestos de la calle.

No alcanzaba a reunir para sus gastos de la casa, ni mucho menos para pagar los gastos de su casa, en especial la renta, que mes a mes su vencimiento llegaba sin plazos que negociar.

Su esposa no podía creer que trabajando tantas horas y todos los días no podía reunir el dinero que requerían para vivir. No era mucho, al final ella cooperaba puntal con su responsabilidad y tenía tiempo para cuidar a los niños y algunas breves pero sustanciosas horas libres.

De modo que, debido a esta falta de credibilidad, perdió la confianza en su esposo y se negó a pagar la renta, ya que sentía que su esposo no estaba cooperando de forma justa a los gastos de su casa.

Los primeros meses y siempre con la esperanza de que los siguientes sería mejores, mi amigo empezó a vender cosas, empeñar otras y pedir prestado a familiares y amigos para cumplir con la renta, que era la deuda que más le acosaba.

Pero esto aun complicaba más la situación. Sus deudas aumentaban más y el trabajo no era suficiente. Obviamente peleaba con su esposa por la falta de comprensión hacia su problema y empezó a retrasarse en la renta.

Me enteraba de forma continua del agravamiento de su problema, porque me tuvo la confianza de contármelo paso a paso. Siempre le decía que debía parar de tener esos gastos para poder salir adelante. Tenía que prescindir de gastos de taxi, que a veces tomaban para llevar a sus niños a la escuela, buscar una renta más cómodo o, quizá lo más doloroso, devolver el coche y buscar otro trabajo.

Una noche me llamó preocupado porque quizás lo iban a desalojar y no sabía que hacer. En respuesta le pedí los datos de su crédito y le dije que nos viéramos para comer al día siguiente.

Durante la mañana hice dos llamadas. Una a la empresa que tenía el financiamiento del auto y otra a una agencia de autos en donde uno de sus agentes de ventas era un buen amigo mío.

A la afianzadora le pregunté el saldo total a liquidar, incluyendo adeudos e intereses, para liquiedar todo en 3 semanas. A la agencia le pedí ayuda, el auto no tenía más de un año de uso, esta entero, aunque si mucho kilometraje, le dije la verdad. Se debía a la agencia, con el dinero con el dinero que se recibiría sería para recuperarse y para liquidar el adeudo.

Para mi sorpresa el vendedor de auto me dijo que era un procedimiento común. Que lo que hacían era liquidar directo a la agencia y una vez que liberaran la factura entregarían el dinero a mi amigo. Tiempo máximo del trámite dos semanas.

El reto fue convencer a mi amigo que era la única salida. Pues de otro modo no podría salir adelante, o cortaba de tajo la raíz del problema o seguiría endeudándose. Un año era suficiente para entender que los ingresos de Uber no habían sido lo que espera y que el futuro inmediato sería peor pues se avecinaba una temporada baja en el uso de taxis.

¿Cuál fue el argumento? Le expliqué que tendría dinero para ponerse al corriente con la renta y un poco más para darse tiempo de buscar otro trabajo. El me explicó que eso sería fácil pues su hermano le insistía en que trabajara con él, pues había plazas en la empresa donde colaboraba

“¿Por qué no lo has aceptado?”-le pregunté. Su respuesta es más que entendible: “Decidí ser dueño de mi tiempo, tener mi propio negocio y sabía que no iba a ser fácil. Me parecía que tirar la toalla al momento en que se presentaran las dificultades era no tener el temple que un empresario requiere.

No quise responderle que una de las características del buen empresario es que sabe toman riesgos calculados. Es decir, está dispuesto a perder hasta cierto límite, el cual no rebasaría, para no afectar su patrimonio. Mi amigo no fue el único en hacer mal los cálculos, ocurre a menudo, pero también hay que tener la determinación de salirse cuando las cosas no funcionan. Las frase de motivación de las redes sociales en torno al empresario son eso, frases, la realidad es más complicada.

Cuando terminamos de comer ya lo había convencido, pero a él le esperaba una tarea aún más difícil. Hablar con su esposa y explicarle que la idea que habían tenido para construir un patrimonio había sido un error y que había que reconocerlo.

Las deudas fuera de control son como una enfermedad, entre más te tardes en ponerle remedio más doloroso será el remedio y mas de lo que amamos se pone en riesgo.

Por supuesto muchas veces me pregunté si mi consejo fue el correcto. Pudo renegociar la deuda, por ejemplo, extenderla para pagarla en más años, como ofrece este consejero, que a raíz de la lectura de su artículo recordé esta anécdota.

Pero el problema, en este caso, no era ni la deuda ni las mensualidades, sino que el negocio sobre el que se basó todo el proyecto no ofrecía los ingresos esperados y cada día era menores.

Hoy que sé que mi amigo pasa mejores tiempos con su familia y que se ha hecho público que los ingresos de Uber han venido a la baja, puedo asegurar que mi consejo fue el correcto, pero siempre existe el riesgo de equivocarse.

Por este motivo, debe uno estar dispuesto a reconocer que puede uno estar equivocado y que no es el fine del mundo. El contrario lo más útil es tomarlo como aprendizaje. Porque no hay fórmulas probadas, cada caso requiere de una solución diferente.

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