Que el regreso a clases incluya a tus finanzas

Vive mejor
El regreso a clases siempre está cargado de emociones. Los libros, los cuadernos y la mochila huelen a limpio, no han sido abiertos y prometen misterios y nuevos aprendizajes. Los lápices y los colores están enteros, con la punta afilada y esperando la impetuosa acción de los pequeños.
Para algunos chicos el primer día de clases es emocionante y feliz, porque verá nuevamente a sus amigos, para otros es intimidante, pero no hay duda de que todos se siente emocionados, por supuesto también los padres.
No vamos a negar que los padres se sientan también un poco aliviados, al fin la energía incesante de los chicos se va a canalizar en aprender y les permitirán a los adultos concentrarse en el trabajo, cuando menos eso ocurre a muchos papás.
Hay que relajarse, pero no demasiado porque el inicio a clases es un muy buen momento para empezar a los niños a enséñales finanzas. Lecciones que, con toda seguridad les servirá toda la vida. Unas buenas bases financieras ayudarán a tus hijos a manejar bien sus recursos financieros, sean escasos o abundantes, controlar sus impulsos y crear un patrimonio.
Si hemos insistido que, para alcanzar el bienestar económico, importa más lo que guardas que lo que ganas, esta enseñanza, fundamental en la vida, es importante inculcarla a temprana edad.
Podrías pensar que eso es una tarea de la escuela, pero debido a que todos manejaremos dinero en toda nuestra vida, la enseñanza más importante es la que proviene es la de sus padres.
Por eso si tus hijos tienen más de siete años no desaproveches la oportunidad.
Antes de empezar a tus hijos a enseñarles de finanzas toma en cuenta dos aspectos muy importantes de los pequeños:
-La mejor educación es la que se da con el ejemplo. Nosotros educamos a nuestros hijos con nuestros actos, así que, si hay un mal manejo de tus finanzas personales, esto afectará también a tus hijos que verán esa forma de manejar las finanzas como normal.
-Un error que se comete a menudo en la enseñanza del dinero en niños y adolescentes, es pensar que ellos entienden el futuro como nosotros. Y no es así. Para ellos el futuro es el día de mañana. Así que no pienses que son irresponsables si no les interesa guardar para su universidad o mucho menos para su vejez, su cerebro aun no ha madurado lo suficiente para comprender el largo plazo:
El cerebro frontal de los adolescentes -dice un texto de la Universidad de Valencia- no está equipado para hacer planes a largo plazo ni para controlar sus impulsos”
Por lo tanto, las metas financieras de los niños y adolescentes deben de ser de corto plazo: la próxima semana, el próximo mes y si vemos que es posible el próximo cumpleaños, siempre y cuando esté cercano.
La sugerencia del vídeo de asignarles un pago mensual es muy útil, ya que ellos pueden aprender a dosificar sus opiniones. Hay muchas historias de adultos, especialmente mujeres, que explican como guardan sus pago para comprar un regalo de cumpleaños o adquirir algo que desearan mucho y que sus padres decían no tener dinero para comprarlo.
Si aplicas esta regla de pago que puede ser diario, semanario, quincenal o mensual (es mejor el primero por el tema del largo plazo, especialmente en los pequeños) debes ser muy estricto. De modo que, si los niños se gastan el dinero de una semana en dos días, deberán quedarse sin dinero el resto de los días.
En mi caso personal me daban el dinero diario, hasta que empecé a “trabajar” en el negocio de mi padre a los doce años. Era fácil administrarlo, recuerdo que una de las cosas que me enseñaron es que el dinero que me sobraba, pues casi siempre compraba lo mismo, lo regalara a un anciano ciego que se encontraba sentado a la sombrea de una barda por el camino a casa. Eran unos centavos que seguro no cambiaron la vida para el anciano, pero sí lo hizo para mi de forma fundamental.
Otra enseñanza importante que recibí de mi madre fue el manejo del crédito. Por supuesto lo que recibía del trabajo no era mucho, pero me hizo responsable de mis propias decisiones… durante un breve lapso. Cuando quería compra cosas más caras, el dinero no me era suficiente y mi visión de corto plazo no me daba la paciencia para ahorrarlo.
Mi mamá se convirtió entonces en mi tarjeta de crédito. Ella me prestaba la diferencia y luego le pagaba con el producto de mi trabajo en pagos cómodos sin intereses. La enseñanza funcionó porque no me hacía otro préstamo hasta que el primero estuviera pagado. Fue un modelo tan exitoso que duró varios años, cuando en mi temprana juventud adquirí un auto ella puso la diferencia que le pagué hasta el último peso.
Modelo de enseñanza que me ayudó a ser responsable con el pago de mis créditos.
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