El crédito y el Tao

Cómo salir de deudas

Es difícil imaginar que uno pueda encontrar enseñanzas sobre crédito en un tema tan distante como el Taoísmo, un sistema filosófico y religión que nació en el siglo VI antes de Cristo, en China.

Incluso se vuelve más increíble cuando se conoce lo que caracteriza al Taoísmo: creer que existe una solidaridad absoluta entre el hombre y la naturaleza

Pero su relación es muy estrecha y su enseñanza sorprendente.

En el libro de Osho “Cuando el calzado es cómodo-te olvidas del pie: enseñanzas sobre las historias del sabio taoísta Chuang Tzu", se encuentra una distinción entre necesidad y deseo que resulta reveladora.

Osho explica, al hablar de las enseñanzas de Chuang Tzu, que las necesidades pueden ser satisfechas, pero los deseos, no; afirma que el deseo es una necesidad que se ha vuelto loca, mientras que las necesidades son simples ya que provienen de la naturaleza. Los deseos en cambio son complejos y no provienen de la naturaleza sino de la mente. Las necesidades son momentáneas provienen de la propia vida, los deseos -al ser proyecciones de la mente- siempre provienen del futuro. Al ser proyecciones no son necesidades reales y en entendimiento de esta diferencia está la clave del bienestar.

Tener hambre, por ejemplo, es una necesidad que pertenece al presente y que puede ser satisfecha. Si tienes hambre o sed, lo estás aquí y ahora y por lo tanto la solución es buscar alimento y agua. Debe satisfacerse porque es una necesidad para vivir.

Los deseos son diferentes. Cuando se desea por ejemplo ser presidente de un país, no se trata de una necesidad sino de una ambición. Es una proyección del ego en el futuro. Los deseos no son como las necesidades de aquí y ahora, por lo tanto, no son necesarios para la vida. Debido a que pertenecen a la mente, no pueden ser satisfechos porque su naturaleza es ir hacia el futuro.

Osho lo compara con el horizonte. Da la apariencia de que está ahí y se puede llegar caminando, pero una vez que avanzas te das cuenta de que la distancia siempre es la misma, sin importar cuánto camines. Sólo es una apariencia, una creación de la mente

El deseo es también una apariencia: si deseas una cantidad específica de dinero para resolver tu vida, cuando lo hayas obtenido ya estarás deseando más. Y una vez que obtengas esa cantidad de dinero que has deseado de nuevo, el deseo se multiplicará la cantidad. Al igual que cuando vas tras el horizonte, la distancia para satisfacer el deseo será siempre la misma.

Las necesidades son simples pueden colmarse: apagas la sed bebiendo, el sueño durmiendo, el hambre comiendo, el frío tapándote con un abrigo.

Los deseos son complejos, nos frustran y consumen nuestra energía porque nunca pueden ser satisfechos.

Los deseos son tan demandantes de energía que terminan por desplazar nuestras necesidades, dejamos de dormir, comer y beber para alcanzar lo que deseamos, pero este esfuerzo termina por arruinarnos y por hacernos perder el tiempo.

Cuando comprendemos que es más importante para la vida poner más atención a nuestras necesidades y menos a nuestros deseos, entonces se alcanza un verdadero bienestar.

Es interesante como las necesidades se desplazan constantemente hacia el futuro, como ocurre con nuestros ingresos cuando tomamos algo a crédito: comprometemos nuestro trabajo futuro para poder pagarlo.

Es claro que, si tomamos un crédito para satisfacer un deseo, habremos comprometido el futuro para satisfacer un deseo que nunca estará satisfecho.

Por este motivo es dejar de escuchar lo que digan las escuelas de negocios, la mercadotecnia de productos o servicios y creencia popular de que deberíamos ser ambiciosos para poder tener éxito en la vida. La ambición que es alimentada por deseos nos hará trabajar mucho, comprometernos con créditos impagables para fracasar en la satisfacción de esa necesidad.

El mensaje es no caer en la trampa de nuestros deseos para no comprometer nuestro futuro. Por supuesto que sí se puede y debe ser ambicioso en la satisfacción de una necesidad. La clave es distinguir la necesidad del deseo.

Podemos pensar que es necesario tener un hogar, un auto o un tipo especial de educación. Sabemos que son necesidades porque la necesidad está presente aquí y ahora, no en el futuro; como el creer que seremos felices si tenemos el auto ese auto lujo o esas vacaciones de ensueño. Los primeros son necesidades, los últimos deseos. Los primeros nos harán crecer, mejorar nuestra calidad de vida y bienestar, lo segundo nos hará infelices, porque nos comprometeremos a adquirir cosas para lograr una felicidad que no encontraremos en el uso de esos objetos.

Ya hemos hablado en otras ocasiones de estar presentes en el momento y evitar que la mente divague con deseos que no nos dejan ninguna satisfacción. Estar en el aquí y en el ahora nos ayuda a distinguir lo que es deseo y lo que es necesidad.

Nos ayuda también a entender que la función del crédito es satisfacer una necesidad aquí y ahora con un recurso económico que se obtiene comprometiendo el futuro.



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