Cocinar como rebeldía

Tu hogar

Un amigo, padre soltero, con hijos en la universidad me dijo: no sólo cocino en casa porque me gusta hacerlo, sino también como una respuesta al consumismo, a la moda de lugares para comer en sitios que impresionan, pero no deleitan el paladar, como una protesta a la forma en como se procesan los alimentos y los comemos contaminados y destruidos en sus cualidades alimenticias

Su respuesta me impresionó. Cuando se lo iba a expresar se sonrió y me dijo: “No espera, no son ideas mías, ¿no conoces el libro Cocinar de Michael Pollan?

Le contesté que no, pero al llegar a mi oficina corrí a buscar el libro, su introducción es fascinante. El autor comenta que muchas respuestas en la vida las encontró en la humilde tarea de cocinar. Respuestas a temas de bienestar de su familia, políticas, anti consumistas y hasta filosóficas.

Una respuesta tan simple y profunda a la vez como “¿Qué era lo más importante que podíamos hacer como familia para mejorar nuestra salud y bienestar genera”?

¡Cocinar!

En contraste hace unos meses otra amiga, exitosa profesional con maestría y años de experiencia de trabajo me dijo en una fiesta familiar: ¿Cocinar yo? ¡No, a mi se me quema hasta el agua! Y esbozó una amplia sonrisa para demostrar orgullosa que no era una mujer abnegada, arrinconada en la cocina, sino una mujer independiente capaz de ocupar altos cargos y cumplirlos con éxito.

Ambos tienen razón, pero son puntos de vista tan contradictorios que jamás podrían coexistir al mismo tiempo en una sola persona.

Y es que no se le puede pedir a unos padres de familia que además de lidiar con el tráfico, las obligaciones con hijos y sus tareas y las exigencias de trabajo lleguen a casa a cocinar.

Por supuesto en cada familia hay una solución, pero no deja de incomodarme la opción que todos estamos siguiendo de vivir con el reloj a la vista, sin darnos tiempo de dar respuesta a las preguntas básicas de bienestar que plantea Pollan en la introducción de su libro.

Sin lugar a duda, esa vida apresurada nos lleva a gastar de más, comer fuera en ocasiones puede ser también aburrido si solo lo hacemos para salir del paso, además de que puede ser dañino para nuestra salud como lo explica el mismo Pollan

Pero es también aburrido y humillante dejar que un solo miembro de la familia se encargue de cocinar, lavar los trastos y no convertirlo en un acto de convivencia. Una tradición cultural que incluso se refleja en la misma arquitectura de departamentos que separan a la familia del lugar donde se cocina del lugar en donde la familia come.

Lo que no cabe duda es que comer es un reto financiero. Frecuentar lugares en donde pagamos sumas importantes que al final del mes ocupan una parte importante de los ingresos, es una de las causas que explican porque no podemos pagar el saldo total de la tarjeta de crédito.

Comer en casa, por lo tanto, también es una manera de cuidar nuestro dinero, además de unificar a la familia, sólo es necesario cambiar en enfoque y verlo quizá como un acto de amor, como nuestra cultura nos ha enseñado Laura Esquivel, seguramente la recordarán por la película “Como agua para chocolate”

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