Mi estrés cuando necesito dinero

Cómo salir de deudas

Por lo general necesitamos más dinero del que nuestro trabajo, ingenio o negocios son capaces de producir. Por supuesto hay personas que producen más dinero que lo que gastan, pero son unos cuantos, el resto de nosotros tenemos que aprender a administrar el dinero y a usar el crédito para satisfacer nuestras necesidades.

Esta escasez de dinero nos preocupa todo el tiempo y ocupa también la mayor parte de nuestras horas de vigilia en nuestro trabajo para obtener dinero

En la medida en que las necesidades crecen más que el dinero que ganamos la preocupación se convierte en estrés, lo que provoca un efecto contraproducente, pues nos enfermará y nos hará menos inteligentes.

Debido a esto, prácticamente en cualquier parte se pueden encontrar recomendaciones para liberarnos del estrés: comer bien, dormir bien, vivir una vida frugal y practicar alguna técnica o ejercicio de orígenes milenarios como el yoga, las artes marciales o la meditación, pero los que han vivido preocupaciones reales por dinero saben perfectamente que esto no ayuda mucho a relajarse

Le preocupación por dinero nos mantiene en un círculo vicioso, siempre pensando en ese problema. En pocas ocasiones encontramos una actividad que nos permita dejar de pensar por un momento, para luego regresar al mismo estado de ansiedad y preocupación.

En una ocasión en los que yo me encontraba en esa situación, un amigo me dijo que había leído en un libro (Como suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida de Dale Carnegie) y que lo que debía hacer es imaginar lo peor que me podría ocurrir en este problema y a partir de ahí buscar soluciones

No leí el libro en ese momento, pero seguí su recomendación: mi problema era una devolución de mercancía que me habían pagado y yo ya había gastado el dinero, lo que significaría que podría caer en quiebra. Reflexioné sobre qué podía ser lo peor que podía pasar e imaginé liquidando todos los activos, pero no alcanzar a pagar los impuestos lo que me llevaría a prisión.

Entonces me visualicé preparándome para esa situación, reservando dinero para la familia y asumiendo lo que haría una vez que no tuviera opción.

Por supuesto no sabía de leyes y mi idea de ir a prisión era totalmente falsa, pero el hecho de imaginarlo y, además, aceptarlo como un hecho para lo que debía prepararme me modificó radicalmente. Una vez que acepté lo peor puede estar preparado para negociar con menos carga emocional, ser más proactivo, mejorar mi sentido de humor en las negociaciones. Todo lo que negociaba era mucho mejor de lo que había imaginado, de modo que aún en los momentos de pérdida tenía ese sentimiento de que me estaba yendo mejor de lo que me había imaginado.

Sorpresivamente esta actitud fue muy benéfica en las negociaciones, las tensiones se liberaron, imperó la buena voluntad y el interés mutuo por resolver el problema. El resultado fue mucho mejor del que habría imaginado en mis mejores momentos de optimismo.

El estado mental que me surgió un método que me permitía no solo me permitió resolver el problema, me dio otra perspectiva para resolver otros: en lugar de lamentarse todo el tiempo, imaginarse lo peor, aceptarlo y a partir de ese momento empezar a construir desde cero.

Es mejor sustituir la preocupación por ocupación, enfocando nuestra energía en investigar todos los escenarios posibles.

Si estamos en problemas con el pago de un crédito, por ejemplo, es importante investigar las condiciones del contrato que firmamos, la posición del otorgante de crédito, las normas del Código de Comercio, el impacto de nuestras decisiones en el buró de crédito, las alternativas que tenemos para resolver el problema a través de nuevos ingresos o uso de nuestros bienes patrimoniales.

Una vez que se tiene toda la información es posible crear diferentes escenarios, imaginar el peor, para poder estar preparados para lograr lo mejor.

Esta ha sido la única manera efectiva y real de eliminar mi preocupación por el dinero.

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