Lo que debí saber del dinero

Haz patrimonio

Imagina que tuvieras la oportunidad, como la tuvo el personaje de esta película, de encontrarte con el niño que eras cuando tenias 10 o 12 años. ¿Qué le aconsejarías?

Yo estuve pensando un poco en ello y no le diría que se concentrara en las cosas importantes de la vida porque -como lo vimos en esa película- ese niño lo sabría mejor que yo, tampoco en lo que debería comportarse con los demás, pues mucha gente se encargo de decírselo.

Lo sé porque fui yo el que lo vivió

Lo que nadie me explicó fueron algunos conceptos básicos para administrar mejor el dinero. Ni en la escuela, ni en mi familia, me enseñaron a administrar el dinero en la abundancia y en la escasez, de modo que tuve aprender con los golpes de la vida, gastando cuando no era debido y guardando el dinero para luego gastarlo, de nuevo de forma incorrecta.

Así que entre las muchas cosas que le diría, le daría algunos consejos como éstos en torno al dinero:

Vivir por debajo de mis posibilidades

Esto lo aprendí a los 30 años, cuando conocí a un vecino que era dueño de una enorme compañía de gas y vivía en una colonia de clase media. Cuando le tuve confianza le pregunté porqué no se cambiaba a una zona de ricos.

El me respondió que la vida le había enseñado a vivir por debajo de su capacidad de pago, esto le permitía una mayor libertad, siempre tenía dinero disponible que generalmente invertía para hacer más dinero o para tenerlo como un fondo de respaldo, por si alguna vez tenía una emergencia.

Cuando me lo dijo, me sentí incómodo pues mi caso era precisamente al revés, pagaba una renta que junto con la mensualidad de mi auto consumía gran parte de mi sueldo, no tenía dinero para emergencias, ni para crear un patrimonio.

Vivir por debajo de mis posibilidades me hubiera permitido un ahorro constante que me habría dado con el tiempo un patrimonio y por consecuencia, una mayor libertad económica, pero por años sucumbí a la presión de lo que pensarían mis amigos, mis vecinos y mis familiares de no llevar un nivel de vida que debía tener un profesionista que evolucionaba por la carrera del éxito.

Aprender a manejar el crédito

Fue mi esposa, también en nuestros años treinta, la que comprendió la importancia de ser totaleros y no pagar intereses por tener un entendimiento del crédito. Antes de ese aprendizaje había seguido los consejos del contador de la empresa que decía que pagar intereses era bueno porque eran deducibles para el negocio. Tarde muchos años en comprender que su punto de vista era del mundo de los impuestos y que se refería al negocio no a las personas. Cuando mi esposa me hizo reconocer mi error, el uso de las tarjetas fue totalmente diferente, cancelé casi todas y me quedé con dos que aprendí a manejar con habilidad y prudencia, especialmente cuando comprendí las diferencias entre fecha de corte y fecha de pago y como esto me podía servir mejor si buscaba coordinar mis ingresos con mis obligaciones de pago.

Esa misma comprensión me ayudó más tarde a aprender que había créditos más baratos como los automotrices o que la compra de una casa debía de ser bajo condiciones que me permitieran ganar más por la plusvalía y no sólo analizar si podía o no pagar una mensualidad.

Pagar a tiempo

Cuando no era totalero, en una ocasión olvidé pagar en la fecha de vencimiento y, por mi desconocimiento, supuse que no tenía sentido pagar inmediatamente después, pues el saldo de cualquier forma ya estaba vencido. Así que sin ninguna razón más, que las que obtuve de mi ignorancia, decidí que mejor pagaría hasta el otro vencimiento, dos mensualidades juntas. Los bancos no hacían tantas advertencias como ahora, pero aun así sentía una enorme vergüenza por no haber pagado la mensualidad anterior, de modo que decidí hacer el pago en un cajero automático.

La máquina recibió mi pago, pero cuando debía regresarme la tarjeta, en lugar de ello me salió un aviso de que contactara al banco para poder recuperarla. No lo hice -otro error más- simplemente esperé los siguientes estados de cuenta y fui liquidando la deuda hasta dejarla en ceros. Cuando esto ocurrió me enviaron una nueva.

Ahora sé que no debí haber juntado dos mensualidades, sino pagar cuando recordé e retraso; También ahora sé que debí hablar al banco para hacer la aclaración de que mi tarjeta fue retenida, pues podría haber tenido otros problemas. Por mi buena suerte nada pasó. Y la lección me sirvió para nunca más retrasarme en mis pagos. Si tengo un apuro económico que me impide pagar el total del saldo, lo que hago es pagar lo más posible y en el transcurso del mes tratar de liquidar el resto. El monto por intereses es menor y evito incómodas llamadas telefónicas.

Solicitar el número de tarjetas de crédito que pueda manejar

Gracias a los comerciales y a la manera de pensar de la gente, hubo un tiempo en que era símbolo de estatus tener muchas tarjetas de crédito. La gente las ponía todas en su cartera y había unas que se desplegaban a la vista de todos para presumir que uno tenía un impresionante número de tarjetas

Por supuesto administrarlas era una locura, especialmente las departamentales, pues para pagarlas había que ir al rincón más oculto de sus edificios y hacer colas interminables. Nunca hice cuentas de lo que pague de intereses y comisiones, pero puedo estar seguro que era mucho, así que al irlas cancelando fui recuperando el control de mis gastos y mejorando la capacidad de usar mejor mis ingresos. Hacer lo que hacen los demás, sin comprender realmente lo que hago, es uno de los errores más tontos que he cometido en mi vida.

Aceptar que las instituciones son más listas que yo

No se trata de una competencia de inteligencia, ni hay ningún engaño detrás de los préstamos. No hay amigos o contactos que trabajen en ellas que puedan dar privilegios, ni personas que consiguen mejores intereses si se les da un adelanto o “comisión”. Tampoco hay créditos que se pueden dejar de pagar o una asociación secreta que consiga beneficios especiales.

Los bancos tienen años y mucha gente profesional estudiando la forma de resguardar el dinero de sus ahorradores y garantizar el pago de los créditos que ofrecen. Tienen todo previsto, de modo que pretender ser más listo que los demás, como muchos amigos y conocidos piensan, no es más que una muestra de que realmente no entendemos la forma en como funciona el sistema financiero y que esa pequeña astucia de algunos consumidores no es nada frente a los problemas que las instituciones financieras afrontan y resuelven porque tienen mucha gente con experiencia detrás de ellos resolviendo y previendo toda clase de problemas e intentos de timo.

Al igual que en los lugares de apuestas y en las colas de personas que quieren hacer un trámite, siempre habrá una persona que dice ser más listo que los demás y que puede ayudarnos con un privilegio por una suma “pequeña” y que aparentemente hace mucho sentido, especialmente por los beneficios que dice ofrecer. Todo esto no es verídico.

Nunca caí en estos engaños, porque siempre pude comprobar que eran falsos y que ponía en riesgo mi dinero e incluso mi seguridad personal, yo le diría a ese pequeño ser que soy yo, cuando era niño, que no perdiera tiempo escuchándolos, siempre son una farsa y no tiene caso ponerles atención.

¿Te has preguntado que ti dirías a ti mismo si pudieras encontrarte cuando tenías 5 o 10 años?

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