El efecto rebote en el pago de créditos

Cómo salir de deudas

Cuando se está endeudado es común encontrar recomendaciones respecto a que se haga todo lo posible para pagar los créditos y evitar el pago de intereses. Para lograrlo quizá haya que llega a los extremos, de olvidarse de descanso, de paseos recreativos, de salidas al cine o a comer. Todo lo que se ingresa debe ser ahorrado, para pagar lo que se debe lo más pronto posible.

Esto estaría muy bien si no fuera porque la disciplina extrema constante nos puede llevar a un estado de insatisfacción que nos obligue a liberar toda la energía acumulada en gastos inesperados como descansos obligatorios por exceso de estrés, reparaciones de automóviles, de artefactos que hay que sustituir por falta de mantenimiento o gastos médicos para tratar esa infelicidad constante que se traduce en malestares emocionales y físicos.

La abstinencia en los gastos es equivalente a lo que ocurre en las dietas extremas para bajar de peso, en donde se llega a un momento las personas terminan por recuperar su peso después de un periodo breve de éxito. Se le conoce como efecto rebote.

Al igual que las dietas, en el caso del uso del crédito también corremos el riesgo de volver a estar en una situación de deuda que habíamos planeado reducir debido a que no resistimos el seguimiento de una estricta disciplina.

En realidad vivir con deudas no es un problema siempre y cuanto estén bajo control. El problema surge cuando se desequilibra nuestra calidad de vida por destinar una creciente cantidad de dinero para pagar las deudas que hemos contraído. 

Esto ocurre porque generalmente tenemos una visión borrosa del crédito. Puede que inconscientemente lo consideramos como una extensión de sueldo o, lo que es peor, cuando lo usamos como una herramienta de justicia para pagar gastos que en nuestra mente consideramos necesarios e inevitables, aunque no tengamos manera de pagar ese préstamo. En estos casos recurrimos a los créditos sin un plan para pagarlos, lo que al mediano plazo resulta desastroso.

Lo que deberíamos tener en cuenta siempre es que el uso ideal del crédito es el de obtener bienestar. La mima palabra lo define, estar bien y cada vez mejor en nuestras vidas. 

Pero el estar bien no significa comprarse un televisor gigante para gozar de los mejores eventos de la televisión y los vídeos bajo demanda, es mucho más que esto. Implica todos los aspectos de nuestra vida: casa, alimentación, salud, desarrollo personal, expectativas del futuro y, por supuesto, entretenimiento.

Es decir, la recreación es una parte el bienestar, pero no lo es todo. Por lo que no podemos estar escuchando y tomando decisiones sin reflexionar sólo porque nos llegan propuestas de compra que estimulan el centro de placer de nuestro cerebro, ya que por decisiones como estas estamos reduciendo el bienestar a sólo uno de sus elementos.

Si usamos el crédito para mejorar nuestro bienestar en una perspectiva de largo plazo, moderaremos el uso del crédito, con el fin de usarlo sólo para la adquisición de bienes y servicios que contribuyan a estar mejor que antes.

La realidad es que, siendo sinceros, debemos aprender a vivir con crédito. ¿Por qué debemos de aprender? Porque nos guste o no, viviremos con crédito la mayor parte de nuestras vidas. El objetivo no es evitarlo, sino usarlo de forma contenida para que nos beneficie.

Así que, si el crédito nos acompañará por muchos años, es mejor aprender a tener una buena convivencia con él, para que no se convierta en una de nuestras preocupaciones principales.

Pero para esto es muy importante no generalizar en el caso del uso del crédito: cada persona tiene gastos, necesidades, expectativas, ingresos y determinaciones diferentes, por lo que no hay reglas claras respecto a que tanto abstenerse de gastar si se tiene un crédito.

La clave está en el equilibrio, encontrar el justo medio que nos permita pagar nuestras deudas, disfrutando del presente. De hecho este es el fin mismo del crédito, obtener bienestar en el momento que lo necesitamos y no cuando ya estamos en condiciones de pagarlo. 

Por supuesto si nos vamos a los extremos no nos cabe la menor duda de que es lo que ocurre con el pago de las deudas:

-En un lado de la escala está la persona se ha excedido en el uso de los créditos y el crecimiento de la deuda se convirtió en un problema porque no alcanza a pagarlos todos y los intereses se multiplican, la medida recomendable es un recorte drástico de gastos, incluso de aquellos que consideramos necesarios.

-En el otro extremo de la escala está la persona que vive con lo que gana, paga todo de contado y no tiene ningún problema de deudas porque nunca ha pedido un crédito. Podría decirse que tiene su vida bajo control, pero sin duda ha tenido que pasar por momentos en donde el no contar con dinero para pagar algo que necesita, tuvo que abstenerse y sufrir las consecuencias en el nivel de bienestar de su vida.

-Entre esos dos puntos hay una ampla variedad de situaciones en donde las decisiones idóneas para tener un buen manejo de crédito no es la misma para todas.

Desde esta perspectiva sólo se pueden hacer algunas recomendaciones generales que sólo sirven de guía, el timón lo llevas tú y como lo explicamos en un post anterior, no hay reglas escritas para el éxito :

-Cuida que los pagos de tus créditos jamás excedan del 35% del total de tus ingresos

-Planea la contratación de crédito igual que lo haces con las compras

-Toma en cuenta que en el futuro tus ingresos disminuirán debido a que tendrás que liquidar el crédito contratado

-Mide tus gastos en tiempo, no en dinero, así adquirirás conciencia de lo que haces con tu valios tiempo de vida (este es el consejo más importante del libro más vendido sobre finanzas)

-Analiza lo que realmente significa bienestar para tu vida y trabaja en ello, (aquí 7 claves para definirlo)

-Arma un presupuesto, sabemos que es difícil, pero es lo único que requieres para mejorar tu vida financiera

-Recuerda que hay una relación directa entre el modo de consumir y la felicidad que perseguimos

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