Evita tomar decisiones financieras bajo estrés

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Nuestro cerebro es una maravilla, tiene la capacidad de procesar una cantidad impresionante de información. En un ambiente normal contamos con la posibilidad de generar hasta 720 maneras diferentes de abordar una situación, gracias a la capacidad de resolución del cerebro racional que puede trabajar con varios datos a la vez.

Pero todo esto cambia en si al ambiente la añadimos un elemento estresante, entonces interviene el cerebro emocional, encargado de la supervivencia, con lo que nuestra capacidad de procesar información racional cae hasta un 96%, es decir, prácticamente dejamos de pensar y actuamos conforme nos lo indican nuestras emociones.

En este estado, es imposible ser innovador, tener habilidad social, o participar en cualquier forma de creación de valor, escribe Brady Wilson autor de la información anterior en un artículo publicado en la revista Inc.

Esta cifra contrasta fuertemente con otro estudio que citamos a través de un artículo de Christine Giordano en donde bajo tensiones financieras la gente reduce 13% de su coeficiente intelectual. Aunque el contexto es diferente pues la tensión financiera perdura en un lapso de tiempo más largo, mientras que el estrés ocurre en un contexto momentáneo. De cualquier forma, la inteligencia se reduce.

De cualquier manera, esta información debería de ponernos a todos en estado de alerta, pues la mayoría de nuestras decisiones financieras podríamos estarlas tomando bajo estrés, en donde -ahora sabemos- que nuestra capacidad de pensamiento racional prácticamente desaparece.

La lista de situaciones en donde el estrés está presente en una toma de decisión es interminable:

-Alguien está tomando una decisión de inversión en una lujosa oficina de un asesor financiero, quien muestra impaciencia porque las preguntas de sus clientes le parecen no sólo interminables sino demasiado básicas.

-Otra familia analiza precipitadamente las opciones de compra de vacaciones de tiempo compartido en un ambiente en donde todo mundo está comprando, las cuentas del vendedor son alegres y se presentan como una oferta casi única, con la única condición de que se tome la decisión en ese preciso momento.

-Una persona que ya tiene suficientes tarjetas de crédito se pregunta si debe de tomar una nueva pues la oferta parece atractiva: el primer año es gratis, tiene descuentos en una tienda departamental en la primera compra y sólo tiene que dar su identificación y su firma. Pero esto ocurre en el pasillo de un supermercado en el cual todo mundo compra de prisa y hay una sensación de abundancia que de la sensación que uno podría estar perdiendo, sino se toma la decisión en ese momento.

-En un supermercado todo mundo compra un producto. Por donde giremos nuestra mirada encontraremos que cualquier persona lleva al menos uno de estos productos, la gente coloca en sus carritos uno o dos productos sin ver el precio. Uno se pregunta si las personas lo compran porque está muy barato, porque se va a agotar o porque subirá de precio. En realidad, uno no lo sabrá nunca, pero nos estresará saber que nos podemos perder algo y lo compraremos, actuando como lo están haciendo los demás (ya hablamos de este fenómeno conocido como conducta de rebaño)

-Una mujer se siente triste y deprimida. De pronto recuerda que existe algo así como la terapia de compras, abre su perchero saca su abrigo y sus zapatos y cuelga en un ganchito su cerebro racional, se va de compras sólo acompañada de sus emociones. Llega a los almacenes y su primera sensación es de bienestar, pero pronto descubrirá que es una falacia y que su tristeza no se curará.

-Un hombre se detiene por enésima ocasión en una agencia de autos para admirar el automóvil de sus sueños, mientras lo observa un vendedor se acerca y le comenta que por este mes la tasa de interés ha bajado y se obsequia el seguro, el ahorro es grandioso, pero la compra tiene que hacerse en los próximos días porque la oferta termina el último día del mes.

Seguramente cada lector podrá añadir más casos en la lista, casi siempre lo sabrá porque le pasó a un “amigo” y no le fue muy bien con esa decisión. Todos los sabemos, pero si miramos bien, en la mayoría de los casos las situaciones de estrés son planeadas por las mismas empresas que hacen la oferta, pues saben muy bien que manipulando las emociones sus ventas aumentarán.

Y nosotros también lo sabemos, pero a pesar de eso caemos en la trampa de manera regular, pues justamente lo que hace el estrés es activar nuestras emociones y deja de lado el pensamiento racional.

¿Es posible evitarlo? Brady Wilson dice que sí y nos da una receta para lograrlo. Wilson es el autor que citamos al principio y que se define a sí mismo como arquitecto de energía, concepto con el que ha ganado mucho prestigio entre grandes empresas de la revista Fortune 500

La receta de Wilson para eliminar el estrés en una situación en donde es necesario evitarlo, es muy sencilla y se reduce a tres pasos.

1. Recurre al agradecimiento.

¿Recuerdas esas sustancias químicas del estrés que constriñen su inteligencia? Los psicólogos recomiendan centrarse en un "ancla agradecimiento", lo que libera una cascada de hormonas del bienestar lo suficientemente potentes para eliminar las sustancias químicas del estrés y permitir el retorno de la inteligencia.

De lo que se trata básicamente es de seleccionar un momento de nuestras vidas en donde nos hayamos sentidos infinitamente agradecidos por lo ocurrido. Enterarnos que un familiar muy querido sobrevivió ileso a un accidente que nos tuvo horas bajo estrés, por ejemplo. El simple recuerdo de esa situación liberará las sustancias de bienestar que se requieren para sobrellevar esta nueva situación de estrés.

Al activar este recuerdo en unos cuantos segundos la dopamina inundará tu cerebro y estarás de vuelta con la capacidad de responder de forma inteligente y tomar buenas decisiones.

2. Reconoce tu estado de ánimo

De acuerdo con un experimento que cita Wilson la tensión que provoca el estrés puede reducirse hasta un 50 por ciento simplemente con reconocer y mencionar el estado en que nos sentimos.

El arquitecto de la energía lo explica de esta manera: “Una vez, una amiga estaba a punto de entrar en una conversación muy emocional, y tenía miedo de empezar a llorar. Ella empezó la conversación diciendo: ‘Necesito hablar contigo de algo muy importante para mí… Es tan importante que probablemente voy a empezar a llorar, pero eso no quiere decir que necesito detener la conversación. Si lloro, es porque esto es importante para mí ".

¿Ella comenzó a llorar? -continua Wilson- No. Cuando mencionas tu estado emocional, se reduce la carga de estrés y se da acceso a tu inteligencia social.

3. Haz tres respiraciones profundas.

Cuando se activan las hormonas del estrés, la respiración se vuelve rápida y superficial. Por ello es importante invertir el ritmo de tu respiración, para que se vuelva lento y profundo. Debe hacerse desde el diafragma. Esta actividad envía señales a tu sistema límbico (centro emocional del cerebro) de que ya no estás en peligro.

Básicamente se trata de “hackear” al cerebro diciéndole: “tranquilo, no hay peligro, deja que mi inteligencia vuelva a mí.”

En lo personal las recomendaciones de Wilson me parecen muy buenas, sólo espero que en mi próxima situación estresante, en donde requiera tomar una decisión inteligente, mi propio estrés no me impida recordarlas.

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