La teoría de los contenedores de la vida

Vive mejor

Todos hemos visto entre nuestros amigos, vecinos o tal vez en nuestra propia casa un garage con 2 o 3 vehículos amontonados en su interior (algunos ni siquiera pueden cerrar bien la puerta). Closets repletos de ropa amontonada por todos lados, cajones que simplemente ya no cierran por más que se les empuje y bolsas desbordadas de cosas que rara vez utilizamos. La mayoría de nosotros somos acumuladores por naturaleza.

Acumular se ha vuelto símbolo de poder, de pertenencia y de status. Cuanta más ropa, coches, videojuegos, libros, perfumes, y un largo etcétera, logramos tener, mejor nos sentimos; aunque no nos detenemos a pensar en los límites de los contenedores de esas cosas.

Nuestra casa tiene límites, los garages tienen límites al igual que la bolsa o el portafolio que cargamos todos los días, los cajones, los clósets y el dinero. Sólo el tiempo y las ideas pueden ser infinitas, pero para todo lo demás existe un lugar y un espacio. Esta es la idea base de la Teoría de contenedores, una teoría que puede ser muy gratificante si se pone en práctica.

De una manera filosófica, se trata de poner límites y que esos límites nos ayuden a lidiar con la realidad.

Yo comencé a poner en práctica esta teoría de la manera difícil, como todo lo que realmente vale la pena. Después de la muerte de mi marido y una pésima racha económica, mis hijas y yo nos vimos en la necesidad de vivir en un departamento mucho más pequeño que la casa que alguna vez tuvimos. El espacio no era para nada pequeño, pero las cosas que teníamos eran demasiadas para ese lugar. Podíamos elegir entre vivir entre cajas u optimizar cada rincón. No había excusas.

Si habíamos sido capaces de cocinar con lo mínimo cuando íbamos de campamento, sin duda podíamos prescindir de la batidora, la waflera, la sandwichera y de muchas otras cosas que no cabían en el mueble de la cocina. El horno pequeño, el microondas y la cafetera no cabían en la barra de la cocina, así que los vendimos junto con decenas de platos y tazas que sobraban. Logramos tener nuestra cocina funcional y limpia, pero además nos olvidamos de seguir comprando cosas.

Mis hijas tuvieron que limitar la cantidad de juguetes y ropa que tenían. No se compraba ropa nueva, hasta que fuera necesario pues de lo contrario hubiera tenido que estar amontonada en alguna bolsa debajo de la cama.

Claro que no todo lo vendimos. Las cosas que eran demasiado costosas como para rematarlas a cualquier precio las tuvimos que guardar bajo las camas. Cada decisión fue tomada en base a la Teoría de contenedores.

Nuestra casa tenía un tamaño y sólo teníamos que adaptar nuestra vida a ese tamaño. Cuando empezamos a tomar decisiones basándonos en esta idea, empezamos a ahorrar dinero. Dejamos de comprar cosas que no necesitábamos y a sacarle provecho a las que ya teníamos.

Era más fácil quejarnos por lo que no teníamos o por lo que habíamos perdido, pero en lugar de eso hicimos que el cambio valiera la pena. Todo lo pusimos en su lugar, descubrimos el significado de la palabra armonía y esa fue la verdadera recompensa.

Fuente

La foto le pertenece a puuikibeach

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