Todos nacimos para brillar

Vive mejor

Cuando no tuve otra opción más que aceptar y entender que ya no podía llevar el ritmo de vida al que estaba acostumbrada antes de que muriera mi esposo, me enfrenté a una de las situaciones más complicadas de mi vida: desempolvar mi título universitario y buscar trabajo sin ninguna experiencia.

Colocarme dentro de una empresa no fue fácil, pero lo logré; sin embargo conforme pasaron los meses y me fui moldeando al ritmo de trabajo me empezaron a invadir sentimientos que en ese momento no entendí.

Por un lago me sentía orgullosa de mí misma, de mis logros, de la independencia económica que empezaba a disfrutar; pero por otra parte pensaba que quizá mis logros no eran tan grandes como yo pensaba, que quizá no era tan buena y que mi jefa me daba más responsabilidades 'compadeciéndose' de mi situación.

Diariamente me esforzaba por ser mejor en mi trabajo y merecer lo que tenía, trabajaba horas extras sin que me lo pidieran y por lo tanto sin que me las pagaran. Comencé a pasar menos tiempo con mis hijas y más tiempo buscando la forma de agradar a mi jefa, sin importar si el trabajo llevaba su nombre en lugar del mío.

Mis compañeros de trabajo alababan mis capacidades, pero para mí -que era la primera vez que trabajaba- sus comentarios me parecían meros cumplidos producto de la 'compasión' que me tenían. No me dí cuenta de que la única que se estaba compadeciendo y disminuyendo era yo.

Un día Recursos Humanos lanzó una convocatoria para integrar el equipo de trabajo que ejecutaría uno de los proyectos más importantes de la empresa. Todos los empleados podían participar, siempre y cuando tuvieran la recomendación de su jefe inmediato. Por supuesto que las condiciones laborales y económicas eran excelentes, y por supuesto que pocos fueron los que desaprovecharon esa magnífica oportunidad. Entre ellos, yo.

Apenas tenía un año dentro de la empresa y era mi primer trabajo, por supuesto que no tuve el valor de pedir el visto bueno de mi jefa. Pensé que participar en la convocatoria sería demasiado arrogante con las personas que ya llevaban años trabajando ahí. Meses más tarde me enteré que yo sí estaba en la lista las que serían recomendadas para participar en la selección.

No confíe en mí y eso me costó la posibilidad de poder haber formado parte de algo más grande. Dudé de mi capacidad de ser poderosa y de crecer. No creí en la mujer que era y eso lo único que causó fue frustración.

Como cualquier derrota o momento difícil lo importante fue superarlo, para luego entender que todo el potencial que llevamos dentro al único camino que nos debe llevar es al del éxito; siempre y cuando estemos en paz con nosotros mismos y en consecuencia con la gente que nos rodea.

En la película 'Coach Carter' hay una escena en donde se parafrasea parte del discurso que Nelson Mandela dijo como Presidente Electo de Sudáfrica (1994) y quise compartirlo con ustedes, porque creo que ilustra perfectamente lo que hoy les he querido decir.

'Nuestro miedo más profundo no es no estar a la altura. Nuestro miedo más profundo es que somos muy poderosos. Es nuestra luz, no nuestra obscuridad lo que más nos asusta.

El disminuirse no le sirve al mundo. No hay sabiduría en encogerse para que otros no se sientan inseguros cerca de uno.

Todos nacimos para brillar como todos los niños. No está en alguno de nosotros, está en todo el mundo. Y al dejar que nuestra propia luz brille, inconscientemente permitimos que otros hagan lo mismo.

Al ser liberados de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a otros...'

Nelson Mandela

Nelson Mandela

La foto le pertence a espinr

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