Libera tu mente y evita gastos adicionales

Vive mejor

Los primeros seis años de mi vida transcurrieron en un rancho, rodeado de árboles y animales, a poco más de dos horas, a pie, del Municipio más cercano. De esa etapa de mi vida sólo tengo buenos recuerdos, nada me hacía falta y no necesitaba nada. Luego llegué a la ciudad y comencé a desear todo, empecé a tener 'muchas necesidades'.

Muchos años después, cada que regreso de vacaciones a ese rancho alejado y escondido (afortunadamente) de la civilización, me sigue pasando lo mismo. Cuando estoy ahí nada me hace falta. Las necesidades de mi familia y las mías están cubiertas por completo, hasta que regresamos otra vez a la ciudad. La razón: mi cerebro hace corto circuito.

La vida de la ciudad no es fácil y para muchos puede resultar profundamente antinatural y abrumadora. Los científicos han comenzado a examinar cómo la ciudad afecta al cerebro, y los resultados son reveladores. Solamente el hecho de estar en un entorno urbano, afecta nuestros procesos mentales básicos. Después de pasar unos minutos en una calle concurrida de la ciudad el cerebro es menos capaz de mantener las cosas en la memoria, y sufre de una reducción de la auto-control.

Algunos estudios en psicología han concluido que la presencia de naturaleza es sorprendentemente beneficiosa para el cerebro. Los estudios han demostrado, por ejemplo, que las personas que viven en edificios o vecindades son más capaces de concentrarse si sus ventanas dan a un patio cubierto de pasto. Incluso estas visiones fugaces de la naturaleza, mejoran el rendimiento del cerebro, ya que proporcionan un descanso mental.

Una ciudad está tan sobrecargada de estímulos que debemos redirigir constantemente la atención para que no se distraiga con cosas irrelevantes, como anuncios con luz neón o la conversación por celular de un pasajero en el transporte público. Este tipo de percepción requiere energía y esfuerzo. Escenarios naturales, en cambio, no requieren la misma cantidad de esfuerzo cognitivo.

La densidad de la vida en la ciudad no sólo hace más difícil concentrarse, sino que también interfiere con nuestro auto-control financiero. Nuestro cerebro es asaltado por tentaciones: la nueva versión del iPod, suéteres con descuento, zapatos a mitad de precio, meses sin intereses.

Resistir a las tentaciones nos obliga a flexionar, utilizando la 'corteza prefrontal' de nuestro cerebro, ubicada justo detrás de los ojos. Por desgracia, esta es la misma área del cerebro responsable de la atención dirigida, lo que significa que para el momento en que llegamos frente a las ofertas nuestro cerebro ya está agotado, después de esquivar anuncios luminosos y ruidos estremecedores por toda la ciudad.

Como resultado somos menos capaces de ejercer auto-control, así que es más probable que gastemos en esos zapatos que no necesitamos. Aún cuando nuestro cerebro es capaz de realizar los más complicados cálculos, provocar un cortocircuito en él también es muy fácil. Todo lo que necesitamos es caminar por una agitada calle de alguna ciudad.

Tomar malas decisiones respecto a nuestras finanzas, además de una mala planeación, también se puede deber a lo abrumadora que es la vida en nuestra ciudad; así que un buen consejo es que de vez en cuando tomes tus maletas y salgas de la ciudad a respirar aire limpio y estar en silencio.

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