Compras que ocultan sentimientos

Vive mejor

Ayer recibí una petición inesperada a quemarropa:

-"¿Papá podrías prestarme tu tarjeta de crédito?" preguntó mi hija de siete años

-¿Para qué la quieres? -respondí

-"Es que hay un juego en Internet que me pide los datos de una tarjeta para que pueda seguir jugando"

-"No, no puedo prestártela -respondí-, eso se hace cuando pagas algo"

Si tienes hijos ya sabes lo que sigue:"Pero ¿por qué?..Si a todos mis amigos ya se las prestaron..nada más una vez y ya..no es justo... siempre me dices a todo que no... ándale ¿sí?"

Al final tuve que ser contundente: "No hija no te voy a dar mi tarjeta para ningún juego... eso implicaría que dispondrías de dinero, quizás sin darte cuenta..."

Hoy en día de manera muy especial la mercadotecnia ha enfocado sus baterías hacia los menores, dada su influencia en las decisiones de compra de la familia.

Diversos estudios realizados en distintos países por reconocidas firmas de estudios de mercado, concluyeron que el 60% del presupuesto familiar es destinado a la satisfacción de las necesidades de los menores.

La pregunta que todos los padres nos hacemos es ¿esto es lo correcto? Es probable que sí, siempre que esto se destine a la compra de satisfactores y no acallar nuestros sentimientos Es necesario proteger la economía de tu hogar, y tomar medidas para contrarrestar la iniciación a hábitos de compra que a la larga determinarán no sólo la conducta de compra de tus hijos, si no hasta el propio sentimiento de realización en la vida completa de ellos.

Empecemos por lo práctico y racional: identifica la clase de productos que para ellos normalmente adquieres, y después anota las marcas; posteriormente busca en la tienda departamental, o supermercado (según sea el caso) si existen productos que sustituyan a aquellos, anotando su precio.

Cuantifica el costo de unos y otros: ahí iniciarán las sorpresas, al darte cuenta de que los sustitutos te representarán un ahorro mensual considerable.

Es de entenderse que los productos que por costumbre adquieres tienen respaldo en campañas publicitarias permanentes dirigidas a los niños. Si lo dudas, comparte con ellos los programas de su agrado y te sorprenderá la cantidad y variedad de mensajes que reciben, día a día.

¿Recuerdas que ellos te solicitan lo que desean, indicando la marca? Eso no es casualidad, es respuesta a los mensajes a que ha estado sujeto.

Sincérate contigo mismo y respóndete si no es cierto que desde la elaboración de tu presupuesto familiar ya incluyas por marca los productos que requieres.

Pero es aquí en donde entran los aspectos emocionales, pues lo racional indica que lo conveniente es orientar la conducta de compra de los miembros de la familia. Pero ¿te has preguntado que es lo que hay detrás de ese impulso de compra por satisfacer la costosa petición de ese pequeño ser que consideras lo más importante del mundo?

La respuesta a punta de la lengua es: "amor". ¿Es sólo amor? No hay también un sentimiento de compensación por no dedicarle tiempo de calidad? O bien ¿una preocupación para darle apoyo ante la debilidad que pudiera mostrar entre sus amigos?

Hay muchos motivos ocultos detrás de una compra que nos desequilibrará financieramente. El camino fácil es callar esos sentimientos con un objeto, pero va ser momentáneo. Si se quiere realmente dar una solución a esos sentimientos hay que trabajar con diálogo y comunicación en familia. Pronto se darán cuenta que las marcas no son más que emblemas de lo que se quiere representar, úsemelas adecuadamente.

Apóyalos, bien puedes empezar llevándolos al supermercado y - esto es importante - se den cuenta de que buscas productos sustitutos más económicos.

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