¿Qué piensas cuando tú tienes que dar crédito?

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Si revisas el diccionario encontrarás al menos 10 significados de la palabra "crédito", pero todas ellas tienen un mismo sentido: es algo que se gana porque se demuestra capacidad o mérito para obtenerlo.

Normalmente cuando uno escucha hablar de crédito piensa uno en sí mismo, en lo que necesitamos para ganarnos el crédito de alguna institución educativa, financiera o almacén ¿Pero qué pasa cuando uno tiene que darlo? Es en estos momentos cuando exigimos algún respaldo para darlo, incluso en el plano emocional. Es decir creemos en alguien, o damos crédito, cuando esta persona se ha ganado emocionalmente nuestra confianza o, al menos, cuando no la ha perdido.

La decisión es todavía más difícil cuando se trata de dar un crédito relacionado con el dinero. Los casos a los que nos enfrentamos pueden ser muy variados: alguien nos pide dinero prestado, o necesitamos tener confianza en esta persona por que vamos a hacer una transacción comercial: compra venta de un auto, un negocio, la renta de un bien inmueble, un préstamo de un objeto. La confianza para dar crédito a alguien es más frecuente de lo que imaginamos. Necesitamos dar crédito a una persona que va a trabajar para nosotros, e incluso debemos dar confianza a la persona con la que pensamos compartir el resto de nuestras vidas

Los científicos del cerebro dicen que la confianza se va ganando en la medida en que se interactúa con la persona con la que estamos haciendo una transacción. Pero esto, en el mundo del dinero no es la mejor solución. ¿Cuántas veces tenemos que tomar una decisión de confianza con una persona que apenas conocemos? ¿Cómo saber que atrás de una sonrisa no se esconden malas intenciones de personas que no desean cumplir con su compromiso?

Muchas personas confían en su intuición para dar esta confianza rápida. La idea no es del todo mala, si no hay interferencias racionales en esa intuición, pues los sentimientos, basados en experiencias anteriores, son la vía rápida del cerebro para tomar decisiones si es urgente hacerlo. Por decirlo así, los sentimientos nos ayudan a tomar decisiones rápidas, cuando no tenemos tiempo de reflexionar. Sin embargo la fórmula no es totalmente efectiva, pues hay casos en que las personas logran manipular estas emociones precisamente para ganarnos su confianza. Esas personas normalmente son las que tienen peores intenciones. Además de que, dado que estas decisiones se construyen basándose en experiencias anteriores, normalmente depende de que tengamos decisiones anteriores acertadas, para tomar decisiones adecuadas rápidas. Podemos también haber tenido suerte en el pasado y volvernos \\\"ciegos\\\" emocionalmente para descubrir las malas intenciones.

Escuchemos a nuestras emociones, pero también busquemos otros esquemas para apoyar nuestros presentimientos: referencias, garantías o avales pueden ayudar. Una observación detallada de la persona también puede ayudar. Pero recuerda, al final, no hay fórmulas seguras, el riesgo existe y debe ser calculado cuidadosamente.

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