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¿Me conviene pedir un préstamo?

Los contrastes de la respuesta sobre si te conviene pedir un préstamo

Los préstamos o créditos tienen una historia polémica.

Sabemos, por ejemplo, que los créditos han esclavizado a muchas personas (en la antigüedad, literalmente) que se pasan años pagando créditos, limitando con ello su crecimiento personal y disfrute de la vida. En estos casos no hay duda de que a estas personas no les ha convenido pedir préstamos.

Pero también es muy conocido que los grandes poseedores de fortunas usan los préstamos o créditos como una forma de apalancarse para llegar más lejos de lo que llegarían con sus propios recursos. En este caso sin duda les conviene pedir préstamos, pues con ello multiplican su riqueza.

¿Cuál es la diferencia entre unos y otros?

No es una gran diferencia. Sólo que los que piden créditos para crear riqueza o mejorar sus niveles de bienestar saben cómo usar los préstamos, que sólo son una herramienta financiera para resolver situaciones específicas. Lo mismo que ocurre con otras herramientas de trabajo como el martillo, por ejemplo, que nos puede ayudar para construir o destruir en concordancia con nuestra intención y habilidad para manejar esta herramienta.

Por lo tanto, para responder a la pregunta sobre si tue conviene pedir un crédito debes responder esas dos preguntas ¿Para qué lo quieres (intención)? y ¿cómo lo pagarás (habilidad)?

Intención de uso del préstamo

Esta pregunta se responde mejor si se recuerda la diferencia entre necesidad y deseo. Si te estás haciendo esta pregunta es porque tienes dudas sobre su conveniencia y por supuesto será menos conveniente si sólo satisfaces un deseo. Los deseos se distinguen de la necesidad porque éstos pueden esperar mientras que la necesidad es algo que no puede esperar. Pero no es la única diferencia. La necesidad tiene que ver directamente con nuestro bienestar básico como es alimentación, vivienda o salud. Mientras que el deseo tiene que ver con un cambio más profundo como felicidad, trascendencia, desarrollo personal.

La respuesta es compleja y será diferente para cada persona, pero hay cosas que queremos comprar y que evidentemente pueden esperar, por ejemplo, a que ahorremos o hasta que se encuentre una oferta o mejor precio.

Hay que tener cuidado en no caer en la trampa de que algo es realmente necesario basándonos en nuestras propias convicciones. Por ejemplo, sin duda es mucho mejor estudiar una carrera profesional en la mejor universidad del mundo. Nadie dudará de este beneficio, lo que muchas personas también saben es que no pueden pagarlo y mucho menos con un préstamo.

La habilidad para usar el préstamo

Si has llegado a la conclusión deberás responder, con mente muy creativa, cómo manejarás el pago del tu préstamo. Lo más común es que sólo nos limitemos a hacer cuentas sobre si lo que ganamos nos alcanzará para pagar el préstamo, en muchas ocasiones sin considerar otros compromisos como la alimentación, la renta, el transporte e incluso el pago de otros préstamos.

Hay reglas básicas para decidir si conviene un préstamo, la primera y más importante es recordar que el total del pago de nuestros préstamos jamás debe superar el 35% de nuestros ingresos. Cuando rebasamos este límite podemos caer muy fácilmente en problemas de pago de deudas y empezar a cerrarnos puertas.

Pero hay otras reglas. Los préstamos o créditos son productos que no se entregan para hacernos un favor. Es un negocio para quienes nos otorgan un crédito, por lo tanto, un producto que tiene valor en un mercado sujeto a las leyes de la demanda y la oferta y a la competencia de precios.

¿Qué significa esto para nosotros?

Que estamos en un mundo libre en donde tenemos la posibilidad de comprar el mejor producto al mejor precio posible, en este caso, sujeto a nuestro historial de crédito, que es la llave para obtener mejores créditos.

Por lo tanto, sólo convienen un crédito si el total den nuestros pagos no rebasan ese 35% clave de nuestros ingresos y si estamos disponiendo de las mejores condiciones posibles en cuánto a tasa de interés y plazos de pago.

Los beneficios de los préstamos son evidentes

Estamos muy acostumbrados a que la gente con prudencia y experiencia aconsejen no usar los créditos, porque en su experiencia muchas personas se han metido en problemas por pedir préstamos que no pudieron pagar. Pero debemos tomar en cuenta es como decirle a una persona que no maneje un auto porque el vecino tuvo un percance en su automóvil que le salió muy caro pagarlo.

Hay préstamos que cambian la vida

Veamos este ejemplo:

Lupita es nieta de campesinos que nacieron en el Distrito Federal, en tiempos donde aún existían zonas rurales alrededor de la ciudad de México, en donde se sembraba maíz y se lavaba la ropa en los ríos. Ni los abuelos de Lupita, ni sus padres fueron dueños de las casas donde vivieron. Nacieron pobres y murieron igual, jamás tuvieron otra opción de vida trabajando como jornaleros con salarios bajos y sin prestaciones sociales.

Pero para Lupita las cosas han sido diferentes. A pesar de ser madre soltera y con unos cuantos años de educación primaria, es propietaria de un pequeño restaurante de comida corrida en un rincón del sur de la ciudad. Sus logros no han sido fáciles, tuvo la oportunidad de aprender a cocinar con su abuela mientras los demás salían a ganarse la vida y ese aprendizaje le dio la oportunidad de mejorar sus ingresos, primero vendiendo comida para llevar en una esquina y luego con un pequeño puesto. Su buen toque culinario ha provocado que la gente le busque y su clientela aumente, a tal grado que decidió establecerse rentando un pequeño local, en donde podía cocinar desde temprano y vender más.

En efecto ahora vende más, pero a sus casi 40 años empezaron retos para los que no estaba preparada: pago de impuestos, licencias, contabilidad, requisitos de salubridad. Todo parecía imposible para Lupita, pero tuvo la suerte de ganarse la estima entre sus comensales, quienes entre ellos le ayudaron a hacer los trámites y saltar ese obstáculo que parecía terminar con su sueño.

Un sueño que se puede cumplir sólo con préstamos

Ahora que su hijo puede ir a la escuela y tiene lo necesario para subsistir, los sueños de Lupita han cambiado. Quiere una casa propia, le gustaría que su hijo estudie una carrera y de vieja tener una pensión que le permita descansar, igual que uno de sus clientes, un afable anciano que le gusta platicar de su vida como ferrocarrilero y que tiene todo el día para hacer lo que le guste, sin preocuparse por ganarse la vida.

Cuando Lupita le platicó sus sueños al anciano, él mismo la acompañó al banco para preguntar de requisitos para un crédito hipotecario. Fue decepcionante, el banco le pidió experiencia crediticia, y comprobantes de ingresos. Ambos requisitos no los tenía, toda la vida de Lupita se había manejado en efectivo y jamás pensó que necesitaría de mostrar experiencia con los créditos. Ella prefería guardar el dinero hasta poder comprar lo que le gustaba o necesitaba.

¿Debería Lupita esperar otros 20 años para poder comprar la casa que desea? Su hijo para ese entonces tendrá 35 años y ella estará muy cerca de los 60. Pero quizás no logre su objetivo, si llega a ahorrar esos 20 años las casas no costarán lo que cuestan ahora y es probable que lo que reúna sea insuficiente, además de que durante esos años pagará una renta, es decir hará un gasto que no tendrá retorno de inversión.

Integrarse al sistema financiero para pedir créditos

Ésta es la razón por la que Lupita debe integrarse el sistema financiero. Pera personas como ella existen planes que les permiten ahorrar durante unos meses para después convertirse en candidato para un crédito hipotecario. Al integrarse el sistema financiero podría buscar también un modesto plan de retiro personal y asegurar la carrera de su hijo con un plan de seguros.

Ésta es la razón también por la que las personas deberían valorar la importancia de tener un reporte de crédito saludable con pequeños créditos pagados en forma puntual.

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