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Las deudas son contagiosas como un virus

La ciencia lo ha demostrado de forma inesperada: los embarazos y la obesidad son, de alguna manera, contagiosos. Incluso los expertos hablan de que la pandemia de la obesidad es más grave que el contagioso Covid-19

Tanto los embarazos como la obesidad no ocurren por un virus maligno, sino por una idea sobre la comida o las relaciones íntimas que se va difundiendo en los grupo sociales a través de la amistad.

Las populares hormonas espejo que han sido clave para la evolución de la humanidad, también puede ser la causa de algunos males, pues el ser humano tiende a imitar lo que los demás hacen, bajo la idea de que les puede beneficiar o gustar también a ellos. El daño al bienestar se hace normal, de modo que nadie se pone a pensar que se puede actuar de modo diferente a lo que los demás hacen y por eso se convierte en pandemia.

Este comportamiento comunitario también puede dañar nuestras finanzas personales. La forma en cómo gastan nuestras amistades influye sin lugar a dudas en la forma en como gastamos nosotros. Y esto ya lo saben muy bien los otorgantes de crédito, especialmente empresas fintech que utliizan las redes sociales para determinar que grupos o comunidades están más cerca a caer en impago o retrasos den créditos,

La ciencia lo informa, la industria financiera se prepara, pero ¿y nosotros? ¿nos quedaremos observando solamente? El hecho de confirmar que nuestros amigos y, desafortunadamente, algunos familiares pueden tener una influencia dañina o positiva en nuestras finanzas debería llevarnos a una profunda reflexión.

¿Son nuestras deudas motivadas por lo que los demás esperan de nosotros o hacen por sí mismos? ¿Estamos en una espiral de crédito y gasto originada por la influencia de las personas que nos rodean?

Hice este análisis en mis finanzas personales y sorpresivamente encontré que sí. Tenía deudas motivadas fuertemente por personas cercanas a mí. Reconocerlo fue difícil, pero fue todavía más resolverlo, pues la presión social ante mis decisiones fue muy clara y evidente.

Las mismas personas que me habían motivado a endeudarme innecesariamente, ahora ante mi decisión de cancelar esas deudas me comunicaron de diferentes formas su insatisfacción e inconformidad, pero lo más importante de todo: su desaprobación. Y esto último tiene un peso muy importante en la conformación de comunidades y sentido de pertenencia. Si nos rechaza la comunidad a la que pertenecemos es probable que tengamos una conducta perjudicial a pesar de nuestra conciencia para no ser excluidos.

El aprendizaje es contundente. Somos entes altamente sociales, pero debemos de cuidar cómo son nuestras amistades. Si profundizamos un poco incluso esto nos debería hacer pensar en las razones que nos motivan a estar con personas que pueden dañar nuestra salud o nuestras finanzas.

Porque la responsabilidad no está en las personas con las que convivimos, sino en nuestra decisión de compartir el tiempo y el espacio con ellos. ¿Qué buscamos al convivir con personas que les gusta comprar productos de marca que nos inducen a hacerlo a nosotros también?

La gran experiencia que nos dio el confinamiento al que estuvimos forzados es que nos permitió una introspección que de otro modo no habría sido posible. Es momento ahora de valorar lo que queremos de nosotros. Si nuestras amistades nos obligan a contraer deudas, continuemos con ese proceso introspectivo para comprender que es lo que se activa en nuestra mente que nos hace buscarlas y quizá descubramos que es momento de construir nuevas relaciones basadas en conceptos más profundos.

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