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La mentalidad de pobreza que paraliza

América Latina está compuesto de países pobres porque a sus habitantes nos domina la mentalidad de pobreza. Esta es una realidad que probablemente nos duela reconocer pero que se hace necesario hablar de esto para superarlo, para poder crear riqueza, prosperidad y bienestar, lo que nos vendría muy bien a todos.

Jürgen Klaric es un norteamericano con fuertes raíces en Latinoamérica. Su especialidad es la mercadotecnia y el coaching para CEOs de grandes corporativos, usa herramientas neurocientíficas para apoyar a las empresas que lo contraten a hacer más efectivas sus estrategias de promoción y publicidad basándose en datos comprobables respecto a cómo se comporta el cerebro humano en un contexto cultural específico.

A pesar de sus éxitos, Jürgen declara que tuvo que luchar para sacar de su cerebro la mentalidad de pobreza que provocaba que no retuviera el dinero que ganaba. Para ello tuvo que recurrir incluso a terapia.

Gracias a esta experiencia y al conocimiento que tiene del comportamiento humano, debido a sus experimentos en neurociencia, el expositor toca el corazón de todos los latinoamericanos, explica las raíces profundas por las que consideramos mejor estar alejados de la riqueza y como esto nos ha afectado recurrentemente en nuestras decisiones financieras cotidianas.

La mentalidad de pobreza, explica el expositor, no sólo te mantiene pobre, sino que impide salir de la pobreza, similar a un campo magnético que te tiene pegado a esta mentalidad. Por esto no es fácil salir de la pobreza, pues implica primero pensar como millonario para llegar a serlo, algo que parece un contrasentido.

Jürgen tiene una definición dura de pobreza que difiere de las oficiales: eres pobre si siempre estás persiguiendo el dinero, pobre es el que no tiene una estabilidad económica y no puede hacer lo que quiere o sueña hacer, porque no tiene dinero. El dinero es libertad, explica. Por lo mismo también tiene una definición difícil de aceptar para determinar si eres pobre o no. Para ello pregunta ¿eres millonario? Si no lo eres tienes una mentalidad de pobreza.

La riqueza económica es la puerta para otras riquezas, porque el dinero permite ayudar a amigos, dar felicidad a los seres queridos y hacer las mejores cosas que a uno se le puede ocurrir.

Uno cree que los ricos son tacaños, pero por esa razón Jürgen recomienda leer sobre ricos o acercarse a ellos para entender cómo piensan. Una de las sorpresas que posiblemente descubrirás es que los que realmente son ricos, son generosos hasta en sus propinas, porque han descubierto que entre más den, más dinero reciben.

Aunque sabemos en carne propia que esto no ocurre con todos los ricos, la idea que propone es que para alcanzar un mejor estado de bienestar, no es suficiente con tener dinero, sino ser próspero en todos los sentidos de la vida.

Como todos los asesores en riqueza, para el expositor, el problema de la riqueza está en nuestra mentalidad. Ganar dinero no es una cuestión de trabajar 14 horas diarias, ni de tener una carrera profesional, sino de tener una conexión con el dinero.

El problema es que, en la mente de pobreza ser millonario equivale a deshonestidad, lo que es el pensamiento más dañino para generar riqueza. Y es más aún más grave si consideramos que nuestra cultura nos hace pobres, la cual heredamos genéticamente y luego la reforzamos con el aprendizaje que empieza desde nuestra infancia

El conferencista expone cuatro razones por las que en América Latina tenemos mentalidad de pobres:

1.Razones Religiosas. “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que entrar rico en el reino del Dios” La interpretación literal de esta máxima religiosa nos ha hecho mucho daño, porque genera miedo a la riqueza. Debido a que somos un continente muy religioso, particularmente católico, este pensamiento está muy impregnado en nuestra manera de ser, a pesar de que los estudiosos de la religión expliquen que es una interpretación errónea. El tema es delicado pero, como dice Jürgen, es importante distinguir lo bueno y lo malo de nuestras creencias y en este caso la interpretación generalizada es que la riqueza aleja a las personas de Dios.

2.Preceptos culturales. Enseñanzas familiares negativas como las que escuchamos de niños de nuestros padres que pensaban que los ricos son personas malas. De acuerdo con Jürgen los norteamericanos dicen que “es más fácil que un latinoamericano muera de envidia que de cáncer”. Criticar a los ricos por sus posesiones o lo que logran por su riqueza nos lleva a una mentalidad de pobreza.

3.Historia. Con la llegada de los españoles que buscaban todo lo que tenía valor, provocó que la gente asimilara que por tener algo de valor pueden matarte, como ocurrió en la era de la Conquista, lo que ahora se ha traducido que tener riqueza puede significar la llegada de una desgracia.

4.Preceptos sociales. En nuestra cultura ser ambicioso es un defecto, contrario a lo que ocurre en otras culturas de riqueza en donde se premia la ambición. Ideas como que la riqueza genera problemas como secuestros, robos y daños a las propiedades están muy generalizadas, pero destacar los aspectos negativos de la riqueza es una manera de alejarnos de ella. Otro precepto social negativo es asegurar que la riqueza no trae felicidad, lo que es fundamentalmente cierto, pero la realidad ha demostrado que los que tienen más posibilidades de hacer lo que desean porque se han ganado la libertad para hacerlo.

Por estos preceptos no es casualidad que en Latinoamérica tengamos una mentalidad de pobreza, en el fondo se puede definir como una enfermedad que nos está llevando a tener tiempos difíciles, explica.

Su conferencia se llama “Neuro Riqueza: cambia a una mentalidad de abundancia”, que es una versión actualizada de lo que muchos investigadores han dicho en torno a la creación de la riqueza. Su valor más importante, además de estar actualizado al 2015, es que fundamenta con hallazgos de la neurociencia, lo que otros habían determinado por la experiencia, observación y entrevistas.

El vídeo es un curso que dura una hora con quince minutos, por lo que requiere un esfuerzo para darse el tiempo para verlo, pero vale la pena, vale el tiempo dura.

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