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La mejor inversión de tu vida

Invertir en ti no es como lo pintan

Los promotores de las universidades privadas han hecho un muy buen trabajo de marketing al vender a los padres de familia la idea de que pagar la mejor universidad es la mejor inversión que se puede hacer para sus hijos.

Esto en realidad ha sido siempre una verdad a medias. Es verdad que en tiempos pasados un título en una universidad de prestigio aseguraba un empleo de calidad con un nivel de ingresos que supera en mucho al promedio de los profesionales.

Pero esto ocurre cada vez menos. Por ello ahora muchas empresas privadas promueven el espíritu emprendedor de sus estudiantes, ya que la naturaleza de la contratación de las grandes empresas ha cambiado de una forma que ya no ofrece muchas oportunidades a los jóvenes talentos.

Casi lo mismo puede decirse de las personas que invierten en maestrías o estudios de posgrado. No es una garantía de buenas oportunidades, aunque aun sigue siendo que quienes obtienen buenas oportunidades son lo que tienen ese tipo de oportunidades.

De modo que es una apuesta de riesgo, para tener una buena oportunidad de ingreso debes tener estudios profesionales y de posgrado, entre más, mejor, pero tenerlos no te garantiza esta buena oportunidad.

Invertir en ti con una visión empresarial

¿Qué haría un hombre de negocios ante una activo como tú que tiene potencial pero que depende de lo que haga con el obtendrá una buena rentabilidad o lo único que sacará es una pérdida irremediable de tiempo y capital?

Si lo vemos desde esta perspectiva, los buenos empresarios sí suelen toman riesgos, pero siempre lo hacen de una forma controlada. Es decir, evalúan los escenarios posibles y deciden cuando retirarse del negocio para no tener pérdidas mayores. Si reconocen que hay mas riesgos que beneficios entonces buscan otro lugar para invertir.

Un buen emprendedor buscaría cómo reducir el nivel de riesgo para que su inversión tenga más probabilidades de dar una buena rentabilidad

¿Cómo reducir el riesgo de invertir en un mismo?

En realidad, hay muchas formas y todas ellas requieren un trabajo adicional

Reducir riesgo creando una red de contactos

Si quieres realmente tener oportunidades es importante ir construyendo una red de contactos que con el paso del tiempo se constituyen el sistema de alambrado para establecer las conexiones necesarias. Esto requiere trabajar desde el principio en cuidar el tipo de amistades que refuercen la imagen que queremos dar, ofrecer apoyo constante en esa red para reforzar los vínculos y mantener un crecimiento constante. Más no quiere decir mejor, pero si es conveniente tener más de las mejores conexiones.

Reducir el riesgo desarrollando habilidades empresariales

La habilidad empresarial es fundamental, incluso en los puestos directivos en donde se es ejecutivo más no inversionista. A los empresarios les gustará contratar personas que comparten sus mismos puntos de vista, expectativas y visión del mundo.

Por supuesto una visión empresarial también ayudará a explorar nuevas oportunidades. Sin importar cual sea el talento o profesión que se tenga, las habilidades empresariales serán una manera de reducir riesgos, especialmente si se tiene la fortuna de encontrar oportunidades de inversión.

Reducir el riesgo aprendiendo habilidades para administrar el dinero

Hemos insistido mucho en el tema de la inversión del dinero. Ya hemos explicado que sin importar lo que se gane no servirá de nada si se gasta más de lo que uno gana. La libertad financiera y el crecimiento patrimonial serán los resultados de esa inversión que se haga en uno mismo.

Reducir el riesgo quitando mitos al tipo de educación que estás adquiriendo

En no pocas ocasiones damos atributos equívocos a la educación. En décadas pasadas había personas que estudiaban carreras que les gustara desde una perspectiva emocional,sin importar si ganaban dinero o no; luego nuevas generaciones, ante esa perspectiva romántica, reaccionaron en exceso eligiendo profesiones que fueran totalmente rentables aunque no tuvieran vocación para la profesión, lo que provocó la cración de profesionistas enfocados sólo al dinero sin importar la misión de su profesión.

La ironía de esa historia es que ambos extremos aumentaron el riesgo de invertir mal en uno mismo. El valor de nuestro activo se da en el equilibrio. Ninguna carrera es una garantía de éxito, sobre todo si no se cuenta con los elementos atrás mencionados, pero también pueden ser una escalera hacia el éxito profesional si se tiene el talento y se logra la diferenciación personal necesaria para aprovechar las escazas oportunidades que el mercado ofrece.

Al final de todo el nivel académico de la escuela, el tipo de rentabilidad que promentan las ofertas educativas y el tipo de profesión no son nada sin el talento necesario para destacar ante los demás. Pero este talento no viene o se da en la formación académica, viene de más adentro, viene de un fuego interno personal, de una pasión individual que podemos canalizar adecuadamente si aprendemos a reconocer esa energía interior.

De modo que la clave sigue estando en definir bien el talento o interés básico, pero buscando el balance de la formación con elementos que van más allá de la profesión, como los que se explican en este post.

Sin importar en qué se invierta, invertir en uno mismo siempre será rentable ante el balance perfecto.

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