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¿Es mejor para tus finanzas ser optimista o pesimista?

El dinero, aunque es considerado un activo fiduciario (es decir que depende de la confianza que le otorguen los participantes del mercado), es un medio de pago que se mide de manera objetiva con números.

En el sentido práctico y desde una perspectiva individual, el lenguaje del dinero es las matemáticas, que para su operación y entendimiento no requiere de emociones, ni puntos de vista.

Por lo tanto, el manejo de las finanzas requiere fundamentalmente racionalidad, algo que se ha demostrado los seres humanos, a pesar de nuestros esfuerzos, no podemos entregar con pureza.

Nuestras decisiones están cargadas por las emociones. Los neurólogos han demostrado que nuestro cerebro decide antes de que nosotros pensemos en una decisión, lo que convierte en un proceso fundamentalmente subconsciente e irracional.

Por lo tanto, aunque las finanzas no permiten las emociones, éstas entran por la puerta de atrás y determinan lo que decidimos, sin que podamos evitarlos

Desde esta perspectiva cobra importancia nuestra visión del futuro. Como se sabe hay fundamente dos modelos mentales para ver el futuro: el optimismo y el pesimismo.

Los dos son formas de pensamiento que se adquieren en el proceso de formación de nuestra personalidad y se basan fundamentalmente en nuestras experiencias y el ejemplo de las personas que nos rodean. Por lo tanto, son modelos que hemos aprendido y que pueden cambiarse o mejorarse.

Si es así ¿cómo nos conviene ser optimistas o pesimistas?

Ambos tienen ventajas y desventajas

Los pesimistas son a menudo considerados más inteligentes porque tienen la habilidad de desentrañar las partes no visibles de la realidad, el trasfondo oscuro que determina la perversidad de las instituciones, las acciones y los acontecimientos de la vida diaria. Las personas las consideran inteligentes porque siempre podrán armar una explicación lógica para devaluar cualquier acción humana y despertar las sospechas.

Sin embargo, esta actitud convierte a las personas en autocomplacientes, que los lleva a la inacción, no esperan ningún cambio y por lo tanto se vuelven apáticos y tiene la particularidad de desmotivar el esfuerzo de los demás. Los pesimistas terminan al final sintiéndose culpables del problema y pueden construir un camino seguro para la tristeza y la depresión.

Los optimistas, por el contrario, son constructores de la realidad, gracias al optimismo la civilización ha sido capaz de romper sus propios límites. Los optimistas rompen récords, superan cualquier barrera y redefinen constantemente el terreno de lo imposible. Por regla general el optimista atrae riqueza porque su resiliencia, es decir su resistencia al fracaso le lleva a lograr al final un resultado.

Pero el optimismo a menudo también es una desventaja, a menudo sus objetivos se distancian de la realidad y hacen demasiadas suposiciones positivas para definir sus planes.

Por estas razones ser demasiado optimistas o pesimista no son modelos de pensamientos funcionales para alcanzar bienestar y mejorar nuestras finanzas. Como en muchos casos, el término medio es lo más adecuado.

El optimista moderado o para ser más precisos el pesimista defensivo es el modelo ideal para alcanzar objetivos financieros con mayor éxito.

En realidad, se trata de una estrategia que usan las personas con tendencia a la ansiedad que les ayuda a controlarla y que evita que caigan en una parálisis y en los complejos pensamientos en los que cae una persona que sufre una crisis de ansiedad.

La idea es que las personas que planean realizar algo bajen las expectativas del resultado que esperan obtener de un plan o de una actividad. El pesimista defensivo visualiza los detalles que pueden salir mal y define un plan de acción para reaccionar en caso de que sea necesario.

¿Cómo actúa cada uno de estos modelos de pensamiento al tomar un crédito para la compra de un auto, por ejemplo?

El pesimista pensará que no podrá con el compromiso y preferirá no tomar el crédito porque pensará que no podrá pagarlo, además de que puede ser parte de un sistema perverso para esclavizarlo.

El optimista, por su parte, tomará la decisión de tomar un crédito basándose en demasiados supuestos positivos. Por ejemplo. tomará un crédito para comprar un auto basado en que acaba de obtener un empleo nuevo, sin considerar que le han advertido que es temporal hasta que alcance sus objetivos. Tampoco tendrá en cuenta los factores de riesgo como la situación de la empresa donde colabora, su cultura corporativa y el entorno económico nacional. Simplemente concatena en su mente todos estos hechos como una serie de acontecimientos positivos que darán por resultado que podrá pagar sus mensualidades sin contratiempos.

El pesimista defensivo valorará todos estos supuestos que no puede controlar para crear un plan de acción en caso de que ocurra. Por ejemplo, quizá baje sus expectativas para comprar un auto usado o uno más económico, para poder pagarlo en caso de que pierda el empleo. También analizará la posibilidad de tener que pagarlo más rápido por lo que pondrá un límite a la cantidad que tomará a crédito para poder pagarla más rápido en caso de ser necesario. Tendrá al final un pan de acción para reaccionar en caso de que, ninguno de estos supuestos, funcionen, de modo que podrá saber a quien cederle el auto a cambio de que se quede con la deuda y como actuar en los aspectos legales y fiscales.

Este tipo de pensamiento genera más confianza en la persona que hace la planeación, pero a su vez la aumenta en la gente que le rodea, creando un ambiente más saludable.

El pesimista defensivo es una técnica que debemos aprender a desarrollar para todas nuestras actividades tanto financieras como de cualquier otra índole

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