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Cuando menos es más en tu bienestar

Mucho puede ser nada

Arturo empezó a caminar con pasos más pequeños y lentos en la medida en que se acercaba a su casa. No sabía cómo darle la noticia a Ana, su esposa, de que acababa de ser despedido, a pesar de todo lo que habían planeado para evitarlo y volverse útil y necesario para la empresa.

No quería que ella sufriera, pues sabían muy bien que sin su sueldo no se podría pagar la renta y que lo que ganaba Ana apenas les alcanzaría para comer y pagar los gastos del día.

El plan “b” que habían platicado tampoco les había dado tiempo de implementarlo, la crisis llegó junto con gastos adicionales de escuelas, reparaciones y doctores. No lograron crear ese fondo que les permitiría aguantar unos meses en lo que Arturo encontrara otro trabajo, al menos con el mismo salario.

El escenario no podría parecer más oscuro. Arturo era el último de sus compañeros de trabajo en ser despedido y sabía que ninguno de ellos había encontrado uno nuevo que les garantizara al menos el mimo nivel de vida, por lo que le atormentaba la idea de empezar un largo calvario que conocía bien por lo que habían vivido quienes le antecedieron.

La base están en el interior

Sin embargo, Ana fue muy cálida cuando escuchó la noticia. Simplemente abrazó a su esposo, por más tiempo y con un poco de más presión en sus brazos. La calidez de su cercanía y el olor de su piel tuvieron un efecto relajante en Arturo. Al terminar ambos se sentaron a la mesa.

El esposo empezó a trazar planes, esa misma noche empezaría a enviar su currículum vitae a diferentes empresas, contactaría a sus amigos y antiguos jefes, pediría favores a personas que apenas conocía, pero no dejaría una piedra sin remover.

Mientras su esposo hablaba Ana doblaba la ropa de sus hijos sobre la mesa, en silencio, con un ritmo suave y constante, como si cada prenda fuera una idea que estuviera acomodando en un escenario imaginario. Lo hacía de un modo tan concentrado que Arturo terminó por callarse y observar en silencio lo que su esposa hacía.

Una vez que terminó, Ana le dijo:

-Mudémonos al pueblo de mis padres. Allá hay una pequeña casita que nos pueden prestar, la que acaba de dejar mi hermana porque ya compró la suya.

Arturo la miró incrédulo, pero la vio tan entusiasmada que no se atrevió a pronunciar palabra, Ana continuó

-Los niños pueden ir caminando a la escuela, tú puedes trabajar con mi tío, él ya te ofreció trabajo ¿recuerdas?

-Sí claro que me acuerdo -respondió Arturo- me podía pagar la tercera parte de lo que gano aquí

-¿Ganas?

-Bueno, sí…ganaba -dijo Arturo sonrojándose-.

-Yo puedo retomar lo del arreglo de uñas y trabajar en el salón de belleza de una amiga -continuó Ana-. Te aseguro que de hambre no moriremos, la vida en provincia no es tan cara como aquí.

-Claro no hay ni cine en el pueblo, ni cafeterías, no hay museos, ni parques -contestó Arturo

-Los que viven allá se divierten de otro modo, hay paseos por el campo, hacemos reuniones, siempre hay algo que hacer ahí o en la capital del estado que está a una hora. No es tan malo como piensas.

Menos es más si cambias de perspectiva

Arturo aceptó en silencio, más porque amaba a su esposa que porque le pareciera una buena idea, de modo que aprovechando la liquidación de su trabajo en un pestañeo estaban instalados en una pequeña ciudad de menos de cien mil habitantes.

Mientras acomodaba los muebles, pensó que su futuro profesional había terminado y que terminaría siendo un chofer de taxi, o de un camión de carga, pues no parecía una ciudad con buenos empleos. Tenía pena de decirle a sus amigos, ni siquiera fue claro con sus padres, pues sabía muy bien que le dirían que arruinaría su futuro profesional en un pueblo que nadie conocía, excepto por los que vivían ahí.

Arturo vio pasar 3 años de su vida, tiempo en el que las cosas habían cambiado mucho, más no su sentimiento de fracaso. Justo a los 3 años recordaba el día que llegaron a esa ciudad, se encontraba sentado en la habitación donde se había dicho a si mismo que su vida profesional había concluido con esta decisión, que viviría pobres toda la vida y que sus hijos terminarían emigrando de ese pequeño pueblo en búsqueda de una vida más digna como lo hizo su madre, sus tíos, sus tíos abuelos y muchos más.

-¿En qué piensas Arturo? -le preguntó Ana que venía agitada y acalorada de jugar a brincar la cuerda con su pequeña hija

-En que no habrían podido jugar así en el departamento en el que vivíamos en México -contestó Arturo

-Claro que no, era un departamento muy pequeño y los vecinos habrían protestado con mis brincos y gritos -bromeó Ana

-Tampoco habrías comprado el salón de tu amiga, a plazos, sin intereses y sin ningún papel de por medio ¿Cómo pudo hacerlo así?

-Porque acá el valor de la palabra y la amistad todavía cuenta. Todos nos conocemos, sabemos quién es pagador, quien no, quién es amigo de lo ajeno y quien es un olvidadizo -le explicó Ana-,

-Si eso mismo me dice tu tío en el negocio, que tengo que aprender a confiar más en la gente, sobre todo con la que el lleva años haciendo comprando ahí

-¿Es cierto que te volvieron a aumentar el sueldo?

-¿Cómo supiste? ¿Quién te dijo?

Ay, Arturo, mi tía, ¿tú crees que te vas a callar que ahora ganas más? ¿Qué piensas hacer con ese dinero? ¿por qué no me lo dijiste?

-Nada de eso, noes que gane más, ganaré una parte de la utilidad, tu tío dice que al negocio le hizo bien que yo llegara y ha crecido. Es una persona justa, como gana más, lo compartirá conmigo, veremos al finalizar el trimestre como queda eso.

-¿No se puede tener secretos en esta familia?

-De dinero nunca -sonrío Anna- ¿Qué planes tienes para ese dinero extra? ¿Comprar tu auto nuevo que tanto extrañas?

-Pues pensaba organizar una comida con la famila, a los niños les encanta convivir con sus primos. Ya no sé si quiero comprar auto nuevo, como que acá no se necesita. Esa idea que tuviste de movernos en bicicleta me ha gustado mucho, me siento mejor de salud. Siento que acá el tiempo se mueve más lento y la bicicleta me da una sensación de libertad.

-Qué te parece si planeamos construir una casa cómo le hizo tu hermana? -preguntó Arturo

-Hagamos una casa grande, con un balcón para disfrutar de los aterdeceres. ¿Qué piensas ahora de vivir en un pueblito? ¿Estamos mejor a peor por no ganar lo que ganabas allá?

-Pienso que tenías razón Ana, jamás pensé que ganar menos significara tantas cosas más en la vida, tiempo para los hijos, para nosotros, menos estrés, tráfico y preocuparse por quien te sigue en la acera. La comida más saludable y los hijos juegan, cómo mis padres decían que ellos lo hacían en la ciudad. Ayer platiqué con un amigo que vive en la ciudad y dice que esto de la pandemia ha sido muy difícil para ellos, casi se divorcian, los hijos están ansiosos de vivir en espacios tan pequeños. Para nostros eso no ha sido relevante, hay mucho espacio al aire libre aquí.

Bienestar no es dinero disponible

-Justamente -continuó Arturo-sobre eso pensaba cuando entraste a la habitación. De nada me servía ganar más dinero y estar en una empresa importante, con un aparente futuro, en una gran ciudad. Tenía la idea que con esfuerzo logaríamos obtener todo lo que se puede desear. Ahora veo que era un espejismo, aún si lo hubiéramos logrado, no habría tiempo para disfrutarlo. Los costos de la vida son tan altos que dejas de vivir para poder subsistir.

Más pudo ser menos para nosotros y ahora he descubierto que menos ha sido más.

La visión de una vida donde menos es más

La frase “menos es más» se atribuye al arquitecto Mies Van der Rohe, originalmente referida a la arquitectura y que tuvo su esplendor en la década de los treinta del siglo pasado.

Esta visión que se conoce como minimalismo se ha extendido a muchos ámbitos artísticos y sociales hasta llegar a convertirse en un estilo de vida en donde se cuestiona el uso de muebles y exceso de ropa, objetos y alimentos que un estilo de vida consumista ofrece.

Quienes adoptan un estilo de vida minimalista empiezan desde adentro hacia afuera, buscando distinguir lo estrictamente necesario del deseo, optando sólo por lo necesario.

La esperanza es que un estilo de vida minimalista permitirá concentrarnos en lo importante, rescatando el valor del tiempo, de las relaciones humanas y enfocándonos en el presente, aumentando con ello nuestro bienestar y goce de la vida.

La frase “menos es más» se atribuye al arquitecto Mies Van der Rohe, originalmente referida a la arquitectura y que tuvo su esplendor en la década de los treinta del siglo pasado.

Esta visión se ha extendido a muchos ámbitos artísticos y sociales hasta llegar a convertirse en un estilo de vida en donde se cuestiona el uso de muebles y exceso de ropa, objetos y alimentos que un estilo de vida consumista ofrece.

Quienes adoptan un estilo de vida minimalista empiezan desde adentro hacia afuera, buscando distinguir lo estrictamente necesario del deseo, optando sólo por lo necesario.

La esperanza es que un estilo de vida minimalista permitirá concentrarnos en lo importante, rescatando el valor del tiempo, de las relaciones humanas y enfocándonos en el presente, aumentando con ello nuestro bienestar y goce de la vida.

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