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Cómo administrar mi dinero sin complicaciones

El consejo más importante para administrar tu dinero que debes recordar siempre es no gastar más de lo que ganas.

Esta es la regla más importante que te llevará no sólo a tener una buena administración, sino a crear un patrimonio. Sin importar lo que ganes: y sea muy poco o mucho, nunca gastes más de lo que ganas, porque eso te llevará a tener deudas que no puedas manejar.

¿Cómo lograr crear un patrimonio con lo que ganas?

Realmente lo que necesitas es convicción, porque estos consejos los puedes empezar hoy mismo, no necesitas esperar a terminar una carrera, a que la economía mejore, que te aumenten un sueldo o que te ganes la lotería. Crear un patrimonio es una decisión, no un factor de buena suerte.
Las reglas son sencillas
1. Págate primero: Esto significa que sin importar lo que pase al recibir tu pago separa al menos el10% de ese dinero en una cuenta especial que usarás sólo para invertir y hacerlo crecer
2. Analiza tus gastos, clasifícalos entre gastos necesarios y gastos no necesarios. Una vez hecho esto, elimina los no necesarios
3. Usa tu mente, no tu corazón Si lo que ganas no te alcanza para tus gastos que has definido como necesarios, no uses el crédito para resolverlo. Lo que debes hacer es redefinir lo necesario, como aquello estrictamente necesario para sobrevivir.
4. Define tu objetivo a largo plazo y traza un plan. Recuerda que el crédito es una herramienta para reforzar esta fórmula, te permite resolver tus necesidades ahora, sin perder el control de tu dinero. Toma en cuenta que debe tomarse la decisión de pagar los intereses con base en la certeza de que puede ser pagado, sin perder el primer pago (el ahorro) y la satisfacción de necesidades.
5 Mantén una actitud analítica siempre. El gasto, la inversión y los créditos sólo son útiles cuando se toman con decisiones racionales, pero sobre todo cuando se tiene información. El reto no está está en hacer un gasto inteligente, lo que es muy necesario pero insuficiente. Lo que te debería ocupar más tiempo y atención es cómo harás para incrementar tu patrimonio, sin caer en las promesas de dinero fácil que te ofrecen la mercadotecnia, pero que no necesariamente es lo más rentable.

Aunque estas reglas conforma una fórmula sencilla, el apresurado ritmo de vida combinado con un entorno saturado de invitaciones al consumo hace que sea un objetivo difícil de alcanzar, simplemente porque no nos damos cuenta que muchos de nuestros gastos pueden eliminarse sin sacrificar el estilo de vida y, sobre todo, los objetivos de bienestar.

Por supuesto hay una línea indefinida entre ser ahorrativo y avaro, depende del valor de las cosas para cada persona. Para unas personas comer fuera de su casa puede parecer un desperdicio, para otras una necesidad.

Gastos innecesarios por una mala administración del dinero

Pero hay gastos que. por donde se les vea, no deberían hacerse. A este tipo de gastos innecesarios decidimos calificarlos como imperdonables.

Aquí enumeramos algunos:

El olvido. Por supuesto uno de los más notables y dañinos de todos es el que se provoca por olvido de hacer los pagos de nuestros créditos: los interese moratorios y las penalizaciones. Este gasto es prácticamente imperdonable porque solo castiga nuestra memoria, no paga ningún servicio o bienestar por innecesario que sea. Se puede considerar incluso una especie de auto sabotaje pues por un lado te puedes haber esmerado en obtener la mejor tasa de interés de tu crédito hipotecario, buscas opciones para aprovechar los créditos a meses sin intereses y todo este esfuerzo lo borras de un plumazo por un simple olvido o por falta de tiempo. En este rubro también se pueden incluir las multas de tránsito por no olvidarnos de poner monedas al parquímetro

Desperdicio. Sé que este comentario se parecerá mucho a los que hacen los abuelos, de no dejar comida en el plato, que hay muchos pobres que… etcétera. Pero esta fuga de dinero no se refiere solamente al desperdicio de comida que se queda en el plato sino en el refrigerador, la despensa, el armario y los cajones. ¿Cuántas cosas compramos por impulso que usamos una sola vez o nunca y nos olvidamos de ellas? En algunos casos, podríamos estarlo pagando a crédito como una cámara fotográfica o unos zapatos para correr que nunca usamos. O esa promoción de pagar el gimnasio por un año por adelantado y dejar de asistir. Aunque parezca increíble, en este rubro pueden caer pagos que consideramos sagrados como colegiaturas, libros, conferencias o talleres que consideramos importantes al momento de decidirlos, pero que no pasarían la prueba de un análisis riguroso de su contribución al bienestar.

Apatía. Hay una lista oculta de gastos hormiga que pagamos porque no nos enfocamos en su solución, desde la fuga de agua en el baño, que gota a gota nos aumenta la cuenta o las conexiones de aparatos que jamás usamos o lo hacemos muy ocasionalmente hasta gastos recurrentes que aparecen en nuestros estados de cuenta y que no sabemos de que se tratan o el desinterés que ponemos en pedir facturas de gastos médicos o de los pocos deducibles que, como ciudadanos tenemos derecho. En ocasiones podemos tener derecho a descuentos o ahorros significativos si hacemos una investigación minuciosa en lugar de hacer compras impulsivas.

Actuar por impulso. Por años me he devanado los sesos por encontrar expertos que hayan definido una solución a las compras que hacemos por disminuir el dolor emocional que sentimos en ocasiones o por encontrar un antídoto que neutralice nuestras decisiones económicas irracionales que por regla general nos dominan, pero más allá de los consejos de detenerse a pensar dos veces antes de tomar una decisión, no hay en realidad nada que garantice que no vayamos a seguir cometiendo errores por factores no racionales que comprendemos poco.

Sin embargo, hay personas que logran mejorar su bienestar y la clave está en la constancia. No importa cuantas veces fallen, no importa qué tengan que cambiar, una fuerza de voluntad moderada pero imparable puede cambiar nuestros hábitos, encontrar nuevos caminos para sanar nuestras emociones y dejar de tomar decisiones impulsivas que nos llevan a una pérdida de control de nuestras tarjetas de crédito y a caer en deudas peores.

¿Cómo se logra esta fuerza de voluntad? En la convicción de que somos nosotros mismos los únicos que podemos hacernos cargo de nuestros problemas y de la forma de mejorar nuestra manera de vivir, con una mentalidad orientada a la riqueza.

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